Guerra mundial: el PTS responde a una polémica “inventada”

Escribe Marcelo Ramal

Tiempo de lectura: 7 minutos

La Izquierda Diario respondió a nuestra nota con inusitada premura, y achacándonos una polémica “inventada”. Los columnistas del PTS habían celebrado el “cese del fuego” entre el gobierno de Estados Unidos y el de Irán como una “derrota de Trump”. En el apuro, no advirtieron que no se llegó a un acuerdo sobre tal cosa sino a decisiones de emergencia de ambos bandos. De todos modos, Trump inauguró "la tregua" con un bloqueo de todos los puertos iraníes, mientras el Estado sionista ha seguido machacando metralla y fuego contra el pueblo de Líbano hasta el momento actual. El PTS dio por muerto al imperialismo antes de fecha, confundiendo el fracaso de una estrategia con una retirada. Señaló sus “errores de cálculo” y declaró que el “enfoque” de la guerra, por parte de Trump, era “insostenible”. Pero descartó la posibilidad de que el imperialismo pudiera “recalcular” y “reenfocar” la guerra. La polémica, por lo tanto, era cualquier cosa menos “inventada”.

Guerra mundial

El núcleo de la contestación del PTS reside en impugnar nuestra tesis acerca de la existencia de una guerra mundial en desarrollo: “por más que Altamira y Ramal insistan desde hace años que estamos frente a la Tercera Guerra Mundial, eso no es así. Es evidente que las fricciones interimperialistas se profundizan y los Estados Unidos tienen cada vez más debilidades para imponer su hegemonía. También que desde la ocupación rusa a Ucrania se aceleró el militarismo, sobre todo en los países europeos, multiplicando los presupuestos destinados al complejo industrial militar. También que, como parte de ese militarismo, existen los intentos de levas masivas en la juventud. Pero lo que no está presente, aún en la situación, es el desafío militar directo por parte de las llamadas potencias revisionistas, como por ejemplo Rusia o China”.

En síntesis, guerra imperialista mundial, no, pero bloqueos militares (contra Cuba e Irán, y contra todo el mundo en alta mar), sí; guerra de la OTAN y Rusia en Ucrania y Europa sí; asalto a Venezuela, sí: abordaje de navíos rusos y chinos, sí. Como todo esto lleva doce años, con la ocupación de Crimea por parte de Putin, y la guerra de la OTAN a las regiones de Ucrania fronterizas con Rusia, lo que está en desarrollo es una guerra mundial, que ha modificado, adicionalmente, las condiciones de dominación imperialista en todo el planeta. El planteo de quienes discuten contra posiciones “inventadas” se vuelve contra sus sostenedores, cuando afirman que para que tenga lugar una guerra mundial debe ocurrir el “desafío militar directo” de Rusia y China. La guerra mundial no la ha desatado el imperialismo sino que la desatarán las “potencias revisionistas” – es lo que ocurre en Ucrania desde Crimea y la invasión de febrero de 2022.

El PTS juzga la guerra con los métodos, no del marxismo, sino del academicismo. No caracteriza el entrelazamiento y la dinámica de los acontecimientos, por eso ha fallado en todas sus previsiones, como ocurre también en este caso. Política Obrera advirtió esta ‘secuencia’ a partir de la invasión de Ucrania; pronósticos contra pronósticos, el resultado es abrumador a nuestro favor. El redactor de LID se guía por el principio de identidad, no por el de la contradicción; o sea, adora el punto fijo y no el movimiento. Por caso, Rusia ya se ha involucrado largamente en el “desafío militar directo” al que alude el PTS– entre potencias atómicas, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Rusia. Por su parte, Irán se defiende de otra potencia atómica – el estado sionista. La incursión putiniana, a su turno, fue precedida por las provocaciones de la OTAN, es decir, nada menos que de los imperialismos yanqui y europeo, para hacer de Ucrania una plataforma económica y militar de impulso a un “cambio de régimen” en Rusia. Mayor “involucramiento” no se consigue, sin necesidad de añadir los movimientos para ocupar Groenlandia y para desestabilizar Canadá. En cuanto a China, su protagonismo es inocultable en la actual crisis de Medio Oriente, en especial como mediadora del falso “cese del fuego” que encandiló al PTS. Que China no cuente aún con la capacidad de intervención militar que dispone el imperialismo norteamericano es secundario, porque el problema no es geopolítico sino social. Tanto Xi como Trump han dispuesto purgas masivas de militares – las crisis políticas y la lucha de clases determinarán la eficacia del poder militar de unos y otros. El mayor error de cálculo de Trump quizás no haya sido la “resiliencia” iraní, que un mes antes del inicio de las hostilidades se daba como hundida, sino la incapacidad del imperialismo para imponer una escalada más concluyente ¡en los propios Estados Unidos! Sobre este vínculo entre la guerra mundial y la crisis mundial hemos escrito nosotros, no los que aducen polémicas inventadas.

El choque estratégico entre Estados Unidos, de un lado, y China, del otro, está a la vista; lo impulsa, blanco sobre negro, la declaración de Seguridad Nacional del gobierno de Trump de noviembre pasado. La restauración capitalista de China -lo mismo que en Rusia- ha agudizado, no atenuado, la tendencia a la guerra por un nuevo reparto imperialista del mundo. La “globalización” ha integrado a China a un capitalismo históricamente decadente – le ha dado un soplo de vida por poco tiempo, mientras acentuaba las contradicciones internacionales. La guerra se manifiesta como la salida catastrófica a un impasse histórico que no distingue entre la OTAN y los BRICS. Bajo esas condiciones, no hay que aguardar al “desafío militar directo (con China)”, lo que equivaldría a una tregua de clase entre la burguesía mundial y el proletariado de todos los países. La fuerza motriz de la guerra no son los “delirios” de Trump, sino las contradicciones insuperables del capitalismo. Esta es nuestra caracterización. La del PTS, ¿cuál es? Ya la mencionamos en otros artículos. “Desorden”, “caos global”. Palabras prestadas de la gran prensa, para justificar los virajes de ocasión y la pasividad política. Lo que los columnistas de las polémicas inventadas no entienden es que no hay retorno al “status quo ante”, al estado internacional previo. Es guerra mundial o revolución mundial.

Qué enseñan las guerras anteriores

El marxismo y el socialismo no esperaron nunca cortar “una cinta de largada” para caracterizar a las guerras imperialistas. Los Congresos de la II Internacional, al menos desde 1907, tuvieron como eje la cuestión de la guerra mundial, con las conocidas divergencias que se irían agudizando hacia 1914. No es ocioso señalar, en este punto, el señalamiento del imperialismo como una política “posible, pero no necesaria” (Kautsky), o sea, que el ‘status quo’ podía ser mantenido con una fuerte bancada en el parlamento y una sólida burocracia en los sindicatos; al final, todos estos ‘socialistas’ votaron la guerra. En cuanto a la Segunda Guerra, un texto de Trotsky de agosto de 1937 - “En el umbral de una nueva guerra mundial”- llamaba a desconfiar de los cantos de sirena de las “conferencias por el desarme” y las invocaciones “a la paz mundial”. Trotsky señala allí que “Los acontecimientos políticos podrían acelerar o postergar el momento de la explosión. Pero su inexorabilidad está enraizada en la dinámica de la economía, en la dinámica de los antagonismos sociales y en la dinámica del armamentismo”. Dinámica, dinámica, dinámica, no descripciones conformistas del momento que deja de serlo. Trotsky culmina anticipando un tiempo histórico excepcional: “En medio de dolores y convulsiones -dice- el mundo mudará su faz”.

El PTS, en cambio, exalta la pasividad: mantengamos a las masas en la ignorancia de la guerra. Fue lo que ocurrió hasta el día previo a las declaraciones de guerra en 1914, y luego del pacto de Munich, con Hitler y Mussolini, un año antes de la segunda guerra.

Las masas

El PTS convoca a un acto de promoción militante, el Primero de Mayo, o sea autorreferencial, para luchar contra “el guerrerismo”; pero lo contrario del ‘guerrerismo’ es el pacifismo – lo contrario del pacifismo, luchar por la derrota de la guerra imperialista internacional y por la revolución socialista. A la hora de explicar por qué niegan una guerra, nos dicen: “hoy no estamos en presencia de revoluciones, pero claramente las masas de distintos países repudian el guerrerismo. En Alemania, por ejemplo, acaba de tener lugar una huelga estudiantil en contra del servicio militar obligatorio. En Estados Unidos, como señalamos, es notorio el desinterés de la juventud hacia la “carrera militar”. Hay, además, grandes movilizaciones contra este guerrerismo. Las potencias imperialistas no lograron aún someter o comprometer a las masas en la idea de una guerra. Eso aún debe lograrse”.

La “liviandad y el triunfalismo” que señalamos en nuestro artículo aparecen con toda su fuerza en ese párrafo. A nadie escapa que la última jornada de movilizaciones contra Trump -“No King”- puso en las calles a ocho millones de personas. Una mirada revolucionaria, sin embargo, debe apuntar más lejos, porque esas jornadas de movilización contra Trump, al menos por ahora, tienen la tutela política de los gobernadores y parlamentarios del partido Demócrata. El propósito de éstos no es el fin de la escalada militar internacional sino desviar el repudio a la guerra y a la represión interior hacia una victoria demócrata en las elecciones de noviembre. Pero después de todo, la presente escalada “guerrerista” (PTS dixit) fue inaugurada por Biden. En definitiva, la guerra internacional no es un accidente ´trumpista´; es un “mandato” que la decadencia del imperialismo norteamericano le impone a su régimen político.

Una vanguardia revolucionaria debe dirigirse a los trabajadores que se movilizan para poner de manifiesto el alcance de la guerra y su carácter inexorable; señalar que no habrá retorno a un pasado armónico o pacífico; que la derrota de la guerra y sus gobiernos exige luchar por la revolución socialista. El “optimismo” petesiano se mimetiza con el ambiente de la opinión pública demócrata o de la Unión Europea, que espera la “vuelta a la paz” a partir de una derrota electoral de Trump en noviembre. En su texto, y como rechazo a nuestra denuncia sobre su “pasividad”, el PTS nos informa de la participación de sus militantes o corrientes en marchas contra la guerra; la mención no tiene otro propósito que la auto referencia. Esa participación sigue la corriente del democratismo vulgar, no es un llamado a terminar la guerra por medio de la huelga general, la ocupación de las fábricas de armamentos y la revolución.

La desorientación política del PTS puede constatarse con lo ocurrido en Irán al cabo de las dos semanas de ‘tregua’; tanto el PTS y el aparato del PO compraron gato por liebre, porque no se firmó nada. Y caracterizaron a la ficción de tregua como una "derrota" de Trump. Después del fracaso en abrir el estrecho de Ormuz, que fue un pedido de China, Trump ha dispuesto el bloqueo total de los puertos iraníes, agudizando la desorganización de la economía en su conjunto. Los protagonistas estratégicos han pasado a ser Estados Unidos y China. La visión de la guerra mundial como un reguero desordenado de conflictos locales es una manifestación inequívoca de conservadurismo político y de pacifismo.

Suscribite al canal de WhatsApp de Política Obrera