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La semana comenzó con malas noticia para el bolsillo de los que dependen del transporte público. El precio del servicio ferroviario suma el 18 % y las líneas de colectivos nacionales el 2 %, como parte de aumentos escalonados que continuarán en los próximos meses.
Para las líneas de trenes Mitre, Sarmiento, Roca, San Martin, Belgrano sur y norte y Urquiza el precio mínimo pasa de $280 a $330 para las SUBE registradas, la segunda sección vale $429 y la tercera $528. El pago en efectivo se eleva a $1.100. Estos aumentos tendrán la siguiente continuidad: un 15 % en junio, 13 % en julio, 12 % en agosto y 10 % en septiembre. Estas 5 actualizaciones al hilo planifican llevar el mínimo a $530, acumulando una suba del 90 % respecto al mes de abril.
En el caso de los colectivos son más de 100 líneas nacionales donde varias de las afectadas recorren Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. El mínimo será de $714 hasta los 3 kilómetros. Quedando la escala máxima de 3km a $714, 6km a $807, 12km a $894 y 27km $983, que se duplican para los no registrados. Estos aumentos además continuaran en junio y julio. Para las líneas de colectivos exclusivas de CABA el aumento no rige porque ya se había aplicado el mismo semanas atrás.
El mazazo del ajuste bajo el pretexto de una “recomposición tarifaria del transporte en AMBA” es de dimensiones. Según el ‘Observatorio de Tarifas y Subsidios’ del IIEP ya acumulan el 1.236 % desde diciembre del 2023, con subas del 76 % interanual y un acumulado del 29 % en 2026. Para tener una referencia la inflación desde que comenzó el gobierno es del 303%.
La gestión liberticida de la Secretaria de Transporte se excusó con que no puede seguir sosteniendo los subsidios y con que el costo operativo tiene que salir del precio de los pasajes. Las tarifas hoy representan el 5 % del costo total, una muestra de todo el trayecto de aumentos aún a recorrer. El “ajuste más grande en la historia de la humanidad” y la colaboración de la burocracia, que pactó paritarias al 1,5 % mensual o menos, no bastó para lograr un equilibro en el sector del transporte. La crisis golpea también a las empresas que, con boletos encarecidos y una caída de la actividad económica, ven una merma de pasajeros que resuelven recortando frecuencias y recorridos.
Así el gobierno de Javier Milei, que acaba de “respirar” tras una leve baja de la inflación en abril al 2,8 %, sigue alimentando la hoguera con una cadena de aumentos en los precios regulados que van desde la electricidad, el gas, las naftas y como vemos al transporte público.
