El FIT-U explicado a los brasileños

Escribe Emiliano Monge

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Rafael Santos, dirigente del Partido Obrero Oficial, fue entrevistado en el programa “TV a comuna” de Brasil (23/11), donde hizo referencia a la situación política en Latinoamérica y puso especial énfasis en los resultados de las últimas elecciones argentinas. Luego de señalar que el FITU obtuvo el 7% a nivel nacional y cuatro diputados”, explicó que el promedio de votación del FITU baja en provincias “más agrarias y más atrasadas”. Hacía alusión a Córdoba, Mendoza y Santa Fe, y convertía a Jujuy en un nuevo polo industrial. Obviamente ignoró la influencia de la abstención en la elevación del porcentual de los votos, ni mencionó que, en 2013, el FIT sin la U obtuvo un millón doscientos mil votos y derrotó al peronismo en forma holgada en la capital de Salta.

Valiéndose de un lenguaje impropio, el vocero repentino del PO oficial dice que “No importa la cantidad de los votos sino la calidad de los votos, porque esos votos provienen fundamentalmente de barrios obreros, de barrios plebeyos de la Capital y del gran Buenos Aires”. Esos mismos votos obreros y barriales cotizan más bajo en otro lugar del país. “La elección de concejales del Gran Buenos Aires es muy importante porque la izquierda no pudo sacarlos nunca antes, porque para un diputado se necesita un 3%, para sacar concejales se necesita 10%”. Esto es exactamente así: el promedio de la votación del FIT-U da un avance en el conurbano, y la conquista de concejales le abre una oportunidad de organización que emerge como un desafío.

Voto ideológico, “desplazamiento” y socialismo

Santos atribuye el crecimiento en el conurbano a un desplazamiento “ideológico” del peronismo a la izquierda. La enorme votación de 2013, cuando el voto al FIT creció cerca de un ciento por ciento respecto a 2011, no había recibido esa caracterización. Un giro de las masas o la vanguardia hacia el socialismo se manifiesta en primer lugar en la organización, porque no se entiende la convicción socialista fuera de ella y de la práctica; sólo más tarde es recogida por el voto. Esto permite entender la serie de retrocesos electorales que se han registrado en los ocho años recientes. El voto sí puede marcar una tendencia al interés por el socialismo y representar una transición en la concepción del mundo por parte de la clase obrera. Para ello es necesario que el beneficiario de ese voto haya hecho una propaganda socialista sistemática, lo que no ha sido, con toda evidencia, el caso. Tampoco la comuna 8 se ha pasado al liberalismo por haber votado por Milei, aunque en este caso hubo una clara propaganda liberal, porque Milei representa, en realidad, un aspecto del fascismo. Santos no hace referencia a los quórums y votos otorgados a los oficialismos de distintos distritos. Comprensiblemente, Santos intenta levantar las acciones del Polo Obrero oficial frente a la hostilidad del PTS, pero no lo puede tocar en una entrevista con brasileños.

Los planteos del FITU durante la campaña no pasaron de ‘propuestas’ parlamentarias, desvinculadas de un planteo de poder (https://politicaobrera.com/5915-el-fitu-reclama-reconocimiento-internacional). En Política Obrera hemos clarificado esto en muchas ocasiones. Lejos de desmentirnos, Solano acaba de confirmarlo en Inbobae. No se trató de una campaña socialista, sino de una campaña liberal y democratizante.

Santos destaca que la prensa nacional habla del surgimiento de una nueva izquierda, la izquierda trotskista, sin percibir que esto sólo demostraría la ignorancia de la prensa en cuestión. Descalifica, de paso, a los representantes del PO y el FIT que están en el parlamento desde hace ocho años, y desde hace veinte en algunas legislaturas (Salta). Lo que la “prensa nacional” destaca en realidad es a una “izquierda edulcorada”, que profesa un comunismo idealizado (https://politicaobrera.com/5968-el-trotskismo-del-fit-u-revelado-en-infobae).

La clase obrera, otra identidad

Para Nahuel Moreno, las masas trabajadoras de Argentina tenían una ideología peronista. Sus seguidores retomaron el ‘concepto’, más de una vez, para hablar de la “identidad peronista”: lo repite ahora Santos, pero con un reparo: eso se terminó, la clase obrera ha perdido su vieja identidad. En el PO histórico se decía otra cosa: que no había que confundir a los obreros ‘peronistas’ que hicieron la huelga general indefinida de 1959, o el Cordobazo, o la huelga general contra Isabelita y López Rega, con esos mismos obreros que se ilusionaron con el retorno de Perón, que fueron arrastrados por Menem y que luego siguieron a los Kirchner. Las diferencias son abismales y tienen que ver con las consecuencias de victorias y derrotas, flujos y reflujos, y la lucha política que entablaron las fuerzas en presencia en cada período histórico, en especial el nefasto papel del partido comunista y, en otro plano, el foquismo. La política identitaria que el FIT-U aplica a cada cosa que se mueve, género, ambientalismo, racismo, indigenismo, Santos la traslada al proletariado. Para Santos, la clase obrera habría cambiado de ‘identidad’ el 14 de noviembre pasado, nada más y nada menos, al votar por Del Caño y Bregman. Durante 2020/1, en lo más intenso de la pandemia hasta ahora, el fituismo sostuvo lo contrario: que la clase obrera había sucumbido bajo “el estado de excepción” decretado por los Fernández.

Un Polo Obrero expropiado electoralmente

Pero Santos tampoco atribuye el “éxito electoral” del FIT-U al FIT-U sino al Polo Obrero oficial. “El Polo Obrero, dice el exégeta, ya se había convertido en un centro de movilización activa que luego con la militancia en los barrios se trasladó al campo electoral”. El Polo Oficial tiene entonces la paternidad del FIT-U. La distinción es importante, porque el desarrollo de una conciencia de clase tendría lugar en el Polo oficial y “en los barrios”, el FIT-U sería solamente una pantalla. El FIT-U sería, ni más ni menos, que una usurpación del Polo Obrero oficial. Santos justifica de este modo que los dirigentes y activistas del Polo oficial no encabecen las listas del FIT-U, y que sean sustituídos por quienes, en esta versión, serían unos figurones, que tienen a su cargo, sin embargo, transmitir la ‘ideología’ del FIT-U.

“...la oposición al ajuste del FMI pasó por el Polo Obrero y las organizaciones piqueteras”, dice Santos sin matices. Esta oposición, prosigue, “obligó en muchos casos (sic) a que el gobierno tuviera que hacer concesiones, otorgar subsidios a los desocupados, abastecer comedores, dar planes de viviendas, toda una serie de medidas que fueron arrancadas por la movilización”. En forma grosera, Santos descalifica esa oposición al ajuste, que no dejó de ser tal y brutal contra jubilados y obreros, y que habilitó Unidades Ejecutoras que formalizan el trabajo precario y recontra mal remunerado de miles de desocupados. La verdadera oposición ejercida por los movimientos piqueteros fue ganar sistemáticamente las calles, y de ese modo exponer el potencial de movilización revolucionaria de las masas, y la necesidad de una dirección política que no sea democratizante ni se confine a la asistencia. En el pasado, ese potencial fue orientado, aunque aun en forma insuficiente, a la derrota completa del régimen De la Rúa-Cavallo.

El Polo Obrero oficial tampoco se encuadra, en muchos otros aspectos, en la apología que hace Santos de él (https://politicaobrera.com/5928-acerca-de-un-relato-sobre-el-movimiento-piquetero).

Y ahora ¿qué?

“Este resultado electoral, dice el mentor del FIT-U, plantea para el Frente de Izquierda una responsabilidad muy grande. Habiendo crecido y percibido como tercera fuerza nacional, de si el FITU puede generar la resistencia a este tipo de planes (del FMI) y de cómo intervenir”. Con este planteo hipotético, adjudica al FIT-U la condición de alternativa al peronsimo. Al menos para ilustrar, hace pocas horas Altamira escribió acerca del rol de la huelga general para enfrentar al acuerdo con el FMI o, en su defecto, la crisis correspondiente, y cómo prepararla por medio de una campaña por un Congreso de delegados obreros.

FITU: o mais grande do mundo

Santos plantea la necesidad de replicar el FITU en Brasil, que posee “la clase obrera más grande de América Latina”. Anuncia la constitución hace pocos días de un “Frente Socialista Revolucionario constituido por el PSTU, el PTR (PTS) y otras organizaciones y grupos de activistas que puede llegar a ser un embrión de ese frente (de izquierda)”. El resto del FIT-U brasileño se encuentra en el PSOL, un partido integrado al estado, que sirve de envoltura electoral para Izquierda Socialista y el MST. Quienes son clasistas independientes en Argentina, lo son menos en Brasil.

A pesar de esta realidad Santos explica a sus interlocutores brasileños: “Un frente de independencia de clase”, sin la menor referencia a que deba ser socialista o revolucionario. Cada cual tiene el derecho a hacer el frente que quiera, pero no debería etiquetarlo en forma deficiente. La defensa de manera abstracta la independencia de clase no genera una orientación. Los frentes de independencia de clase no existen, porque eso debe manifestarse en un programa y en una acción, y no hay programas de esas características, como no hay poder de independencia de clase y no hay poder obrero, ni sociedad de independencia de clase, sólo capitalistas o socialistas, con todas sus transiciones particulares. La independencia de clase, aquí, encubre y disimula, no clarifica.

En un momento histórico excepcional es necesario evitar el gato por liebre y el pato por gallareta.