La trenza de Máximo y Massa confeccionada por Cristina Kirchner

Escribe Marcelo Ramal

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Una columna publicada por la periodista Nancy Pazos, que suele contar con fluida información de los cenáculos del gobierno, aporta elementos singulares para caracterizar a la movida política que llevó a Sergio Massa al “superministerio”.

La nota apunta a demostrar que “el nuevo equilibrio de poder en el gobierno no es obra de la casualidad” (Infobae, 31.7). Pazos relata que la alianza entre el massismo y los K estuvo precedida por “tres años de encuentros y reuniones” entre Massa y el hijo de Cristina Kirchner. Máximo, a su turno, actuó de bisagra entre Massa y Cristina: en diciembre de 2019 tuvo lugar “la primera reunión de más de cincuenta que compartieron a lo largo de estos dos años y medio en el que la vicepresidenta y el flamante ministro fueron tejiendo no sólo confianza sino un sistema de discusión de puntos de vista que hoy está más que afiatado”. (Id). La columnista concluye en que Cristina estuvo “lejos de negarse a que Massa ingresara al gobierno”. Y agrega: “el golpe de gracia final lo dio el propio mercado, que en esta oportunidad pareció jugar a favor de la vicepresidenta...”. ¿Qué tal?

Pazos conjetura “el regreso (de Máximo) a la presidencia del bloque”, aunque Gustavo Berón en “Clarín” asegura lo contrario. La periodista afirma que ya se lo habrían pedido Insaurralde y el propio Massa, como una “muestra concreta de que el kirchnerismo se juega en este tramo final del gobierno...”. En la conformación final del nuevo gabinete, el kirchnerismo ha preservado sus personeros en la AFIP, el Anses, Energía e YPF.

Pazos no ignora que el aval cristinista a Massa haya sido precipitado por una “situación crítica” (sic). Pero Massa ya jugaba un lugar, no accesorio, sino decisivo en el entramado del Frente de Todos. Massa fue la bisagra entre el pejotismo y La Cámpora, en su carácter de agente de la embajada americana y de amigo-socio de los dueños de Edenor, Pampa Energía y los multi empresarios Vila y el banquero Brito. Massa contó con ese respaldo cuando se distanció de los K en 2013 y 2015.

Massa fue pivote para renegociar el defolt de 2018-2019. Ahora el Frente de Todos lo coloca al frente del barco, con el concurso del kirchnerismo y “La Cámpora”.

No solo “los mercados” han salido a apañar a Massa: la CGT y también el kirchnerismo sindical hicieron sus primeras declaraciones de apoyo. En cuanto a la UTEP, se llamó a cuarteles apenas comenzó a desflorar la crisis ministerial. Ahora, uno de sus principales voceros, el gringo Castro, saludó la asunción de Massa: “parece auspicioso que haya unidad dentro de la coalición de gobierno”, dijo en un reportaje. (Infobae, 31.7) A la luz de este desenlace, es muy claro que los coqueteos de Grabois con la Unidad Piquetera formaron parte del fragote que terminó llevando a Massa al superministerio.

Llamar a esta operación política un cambio de gobierno o la “ruptura del contrato electoral”, cómo lo hace el PTS- FIT-U, es una peregrina malversación. Volver al nacionalismo popular de incierto carácter, parece ser su nueva consigna.

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