Huelga de colectivos: la cuestión del salario, en el centro de la crisis política y social

Escribe Marcelo Ramal

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La huelga general de colectiveros, iniciada ayer en varias empresas y convocada oficialmente desde hoy por la UTA, es una muestra concentrada de la crisis política y social de la Argentina.

Los choferes reclaman por el cumplimiento de aumentos salariales comprometidos en la última paritaria. Según el acuerdo que firmó la UTA con las patronales, el salario básico de junio estará un 50% por debajo de una canasta familiar calculada en 400.000 pesos. Pero ese ´nuevo´ e insuficiente básico, sin embargo, no fue aceptado por las patronales, que lo condicionan a un reforzamiento sustancial de los subsidios recibidos por el Estado. El gobierno afirma haber girado ese subsidio , pero las patronales dicen que faltan unos 10.000 millones de pesos para cumplir con el aumento paritario.

El retaceo de subsidios por parte del gobierno está directamente relacionado con el acuerdo con el FMI. Los subsidios al transporte, en los primeros cinco meses de este año, cayeron un 10% en términos reales respecto de 2022. Las empresas y el gobierno han trasladado este recorte a la población trabajadora por tres vías: recortando las frecuencias y recorridos; aumentando las tarifas y, finalmente, despojando salarialmente a los choferes. La huelga que estalló en las últimas veinticuatro horas puso de manifiesto que los trabajadores del transporte no están dispuestos a tolerar ese ajuste. Y no partió de la UTA: ayer, desde las 16 horas, las líneas de colectivos autoconvocadas comenzaron a parar – la burocracia de UTA recién plegó al sindicato desde las cero horas de hoy.

La huelga ha desnudado, en primer lugar, que las patronales de colectivos trasladan el recorte de subsidios a la clase obrera del transporte, con la complicidad del gobierno y de la burocracia sindical. Massa ha acusado hoy a los empresarios de “parásitos del Estado”. Pero la bravata no será acompañada de la medida elemental que plantea esta crisis del transporte: la apertura de los libros y costos de las empresas, para poner de manifiesto el largo desfalco de recursos en beneficio de un puñado de monopolios capitalistas. Massa agregó, enseguida, que a los empresarios “no les interesa la tarifa”, aludiendo a su reclamo por mayores subsidios. Sin querer, confesó que “a él sí le interesa”, o sea, que pretende reemplazar a los subsidios con aumentos de tarifas. En este momento, la tarifa del transporte se indexa mes a mes con la inflación del mes anterior – un beneficio del que no goza ningún trabajador, ni el usuario ni el chofer de colectivos. Para las patronales y para el gobierno, la ´salida´ para la crisis planteada este viernes son aumentos tarifarios más importantes, o sea, por “arriba” de la inflación.

Este escenario vuelve a plantear la cuestión del salario, no ya del colectivero, sino de todos trabajadores: la pelea por los costos del transporte, que estalla con la huelga de estas horas, plantea otra cuenta decisiva, la de los “costos” de sostenimiento de la clase obrera, esto es, la de un salario que cubra la canasta familiar. Durante sus primeros mandatos, el kirchnerismo ´aguantó´ las tarifas otorgando subsidios a las patronales. De ese modo pretendía abaratar al conjunto de la fuerza de trabajo que debía contratar la patronal argentina–tarifas más bajas representan salarios más bajos. Ahora que el FMI aprieta la soga del presupuesto, los Massa (o Larreta, o Bulrich) pretenden tarifas “plenas” con salarios miserables –de los choferes y de los que no lo son.

La huelga de colectiveros, por eso, es una metáfora de la crisis nacional. Los choferes exigen ´ordenar ´ el transporte a partir de su salario, y que las patronales y el Estado respondan por ello. Massa y la cámara patronal, en cambio, parten del ajuste fondomonetarista, uno, y de sus beneficios garantizados, la otra. Es el mismo orden antiobrero que pretenden imponer a escala nacional, con el avance de la precarización laboral y salarios que para el 50% de los trabajadores no alcanzan la canasta de pobreza.

Para los trabajadores, la ruta la marcan las líneas que tomaron la iniciativa de parar, y que hoy subrayaron esa determinación con cortes y movilizaciones –como ocurrió con la línea 60 en la Panamericana.

Por la victoria de la huelga de choferes; salario mínimo igual a la canasta familiar, por 6 horas de jornada, ningún tarifazo, apertura de los libros de los monopolios del transporte. Por una huelga general para imponer estos reclamos.

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