Jorge Macri se alista para la guerra contra los trabajadores

Escribe Soledad Domínguez

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“Vinimos a dar un nuevo impulso a la gestión con orden, firmeza y decisión”, afirmó Jorge Macri en su discurso inaugural de las sesiones legislativas, marcado por un fuerte tinte represivo. El primo del expresidente se esforzó por subrayar diferencias con su antecesor, Horacio Rodríguez Larreta, en el marco de la desintegración de Juntos por el Cambio. El oficialismo porteño está produciendo una reconfiguración de alianzas en la Legislatura, como lo expresa el hecho de haber reservado para la libertaria María del Pilar Ramírez la comisión de Planeamiento, donde se tratará la reforma al Código Urbanístico y las excepciones inmobiliarias, asociando a LLA en el manejo de uno de los principales botines de la Ciudad.

Macri proclamó que “el contexto económico obliga a actuar con precisión y austeridad”. “Muchos la están pasando mal”, agregó. Y a continuación pasó a describir el “orden” que pretende: desalojos, despidos -reducir el 30 % de los contratos que finalizaron el 31 de diciembre- y salarios de miseria para los empleados de la Ciudad. Hizo una férrea defensa del protocolo represivo de Patricia Bullrich. Mencionó que “Respondimos con mucha decisión para poner orden en las calles, en las manifestaciones, terminar con los cortes y acampes. Frenamos el ingreso a la ciudad de los que pretendían generar desorden”, para referirse a la represión de principios de febrero, contra las manifestaciones de repudio a la ley ómnibus, donde participó la Policía de la Ciudad en un operativo conjunto con Nación. “Desorden”, para el primo de Mauricio, es el ejercicio del derecho a huelga que figura en la constitución nacional.

El Jefe de Gobierno sostuvo que “es el gobierno el que decide qué se puede hacer y qué no en el espacio público” y que “el espacio público es para usarlo y disfrutarlo, no para habitarlo, vandalizarlo y ocuparlo ilegalmente”. Pero el “uso” y el “disfrute” del espacio público de la Ciudad de Buenos Aires está supeditado al desarrollo de megaproyectos inmobiliarios, que cuentan con ´excepciones´ de todo calibre en materia de planteamiento urbano e impuestos y a la entrega sistemática de tierras públicas, con la complicidad -por acción u omisión- del peronismo porteño. Esto ha hecho de CABA una ciudad cada vez más expulsiva de la que pueden “disfrutar” cada vez menos. En este sentido, no hay ninguna diferencia con la gestión anterior –está en la genética del Pro-. El llamado a que el espacio público “no es para habitarlo” es un ataque directo a las personas en situación de calle para quiénes no se ofrece una alternativa. A principios de este año, apenas asumió Macri, el Gobierno de la Ciudad eliminó el programa de asistencia a personas en situación de calle con padecimientos mentales. La contracara fue la implementación de un nuevo protocolo en el cuál se le otorga relevancia a la intervención policial pero ninguna solución al problema habitacional. Mientras tanto, los alquileres suben por las nubes –con ley de alquileres o sin ella, alquilar una vivienda es impagable-; el 30 % de los porteños es inquilino y en un porcentaje similar se hacinan varias generaciones bajo el mismo techo.

Macri propuso en su discurso “sacar de los barrios a las bandas que venden droga”, tomando como ejemplo el desalojo de la feria en la Villa 31, donde refirió “había venta de objetos robados y narcomenudeo”. El desalojo ocasional de ferias y de bunkers donde se vende droga es una parte de una puesta en escena, mientras la misma policía se encuentra en connivencia con el crimen organizado y existe amplia tolerancia para la comercialización de estupefacientes en “la noche porteña”.

Macri anunció que impulsará una ley de reiterancia, que plantea aplicar penas severas para quienes tengan más de dos procesos en curso, como existe en Mendoza. Es un atropello anticonstitucional, pues promueve el encarcelamiento efectivo de imputados sin condena, no ya firme, sino en primera instancia. En Mendoza, se ha utilizado para llevar al calabozo a activistas y militantes.

La promesa de “tolerancia cero” para “aquellos extranjeros que delinquen” reforzará el poder de la policía sobre el delito organizado, del mismo modo que la extensión de sistemas de “reconocimiento facial” en accesos y estaciones. La solución del Jefe de Gobierno al problema de la seguridad apunta a reforzar el aparato represivo del estado. Estas “soluciones” alimentan los abusos policiales por ´portación de cara´ y el gatillo fácil.

En relación a la salud, insistió con que “vamos a implementar sistemas de prioridad para los porteños”. “Son los porteños quienes lo sostienen, contribuyendo con mucho esfuerzo”, dijo, al sostenimiento de los hospitales públicos. Diariamente, la Ciudad duplica su población con el ingreso de 3 millones de personas que trabajan aquí. La segregación que promueve el jefe de porteño esconde el vaciamiento que el Gobierno de la Ciudad viene imponiendo: faltan profesionales, las instalaciones se caen a pedazos, los profesionales cobran miseria. La demanda en los hospitales públicos va en aumento a medida que aumentan los despidos, las cuotas de las prepagas y se vacían las obras sociales.

En definitiva, el nuevo jefe de gobierno apunta a reforzar su alianza política con Milei y se propone aplicar la misma línea contra los trabajadores porteños. Su insistencia en “el orden” es la expresión de que se prepara para lo que va a ser un año de enormes luchas populares en el centro político del país, de las cuales quiénes habitamos y trabajamos en la Ciudad seremos parte.

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La asunción de Jorge Macri Por Valentina Viglieca, 09/12/2023.

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