El Comando Sur de EEUU veta el desarrollo nuclear argentino con financiamiento chino

Escribe Luciana Diaz

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La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) informó la falta de presupuesto para continuar con las obras de los reactores nucleares Carem y RA-10 y de la central nuclear Atucha III.

En 2022 se había firmado el contrato con China para construir la cuarta central nuclear del país, Atucha III, que abastecería al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) con una potencia eléctrica bruta de 1.200 Mwe. El Carem (Central Argentina de Elementos Modulares), comenzado en 2014, es el primer reactor nuclear de potencia diseñado y desarrollado integralmente en Argentina y es el proyecto de su tipo más avanzado del mundo. Se podría instalar en lugares alejados para abastecerlos de energía.

Por último, el RA-10 es el reactor multipropósito que se desarrollaba en el Centro Atómico de Ezeiza, que permitiría cuadruplicar la producción de radioisótopos de uso médico para estudios. Puede producir silicio dopado por transmutación neutrónica, un producto de alta demanda global para la producción de chips de computadoras de alta potencia, y ofrecer innumerables servicios para la ciencia y tecnología como la producción, testeado y estudio de materiales.

Motosierra y licuadora

La presidenta de CNEA, Adriana Serquis, ya presentó su renuncia dos veces para no ser responsable del desguace, sin obtener respuesta, y explicó cuál es la situación de las obras de los reactores: “En la actualidad, no se encuentran detenidas, ya que no hubo ninguna orden y pararlas es demasiado difícil de un día para otro. Sin embargo, hay deudas gigantes que se acumulan porque prácticamente no estamos recibiendo ningún pago. Dependemos de la Secretaría de Energía y tenemos una previsión presupuestaria que no se está cumpliendo por parte del Estado. Por lo tanto, no podemos prever lo que va a ocurrir y estamos en la peor de las situaciones(...) Hasta ahora ni siquiera responden al pedido de reuniones”.

El Carem se financia a partir de un fideicomiso que según un decreto de comienzos de marzo requiere de una autorización del Ministerio de Economía, previa auditoría de la gestión de fondos. Al momento, según Serquis, el banco que funciona como intermediario no autoriza los pagos. Como la obra no se detuvo, la deuda con los contratistas se sigue incrementando y en el presente asciende a 7 mil millones de pesos.

El gobierno está despidiendo a los trabajadores de a tandas y la UOCRA tomó algunas medidas de fuerza que hicieron intervenir al Ministerio de Trabajo bonaerense para dictar la conciliación obligatoria.

Costos y ganancias

El RA-10 está terminado en más de un 80% pero al Carem le falta. Este ya lleva invertidos 650 millones de dólares y requeriría cerca de 200 millones más para concluir. Un proyecto similar en Estados Unidos cuesta 1.400 millones de dólares. La venta de un reactor así puede significar un ingreso de 4 mil millones de dólares. El RA-10, de ponerse en marcha, podría significar ingresos de 90 millones de dólares al año.

Es evidente que el cierre de los proyectos no los domina una lógica capitalista de generar divisas, sino el alineamiento ´geopolítico´ con el imperialismo.

En principio, la CNEA sufrió el mismo congelamiento presupuestario que las demás reparticiones estatales y que con la inflación galopante es un ahogamiento mortal. Pero a partir de la visita de Laura Richardson, quien expresó su preocupación por el financiamiento chino en Atucha III, el desfinanciamiento se acentuó.

La injerencia yanki

Y es que la preocupación de Estados Unidos por el desarrollo nuclear argentino es histórica. Durante todos los gobiernos, por lo menos desde la dictadura, mantuvieron inspecciones unilaterales a las plantas en obra sin que mediara ningún acuerdo bilateral.

Actualmente Carem les preocupa porque aunque no esté vinculada con los chinos compite, con más desarrollo y menor costo, con los proyectos similares desarrollados por Westinghouse y General Electric.

Durante el gobierno de Alfonsin, Estados Unidos obligó a desechar el proyecto Cóndor que consistía en un misil nuclear, y la planta de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu se salvó porque los responsables de la obra de la planta lograron engañar y esquivar sucesivas inspecciones norteamericanas.

En el menemismo quedó suspendida la obra en Atucha II, como producto de las relaciones carnales, y se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), según el cual se permite el desarrollo sin fines bélicos pero "a puertas abiertas" sin posibilidad de mantener el secreto científico y comercial. Razón por la cual, dos de los proyectos norteamericanos, son posteriores e idénticos al Carem. Durante el macrismo esta obra se interrumpió con la excusa de falta de fondos.

En el gobierno de Alberto Fernández, a través del entonces secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, la embajada de Estados Unidos intentó frenar las obras y consiguió tandas de despidos para ralentizar la construcción. Eso fue después de las inspecciones unilaterales, sin acompañamiento, que funcionarios norteamericanos realizaron por las instalaciones nucleares argentinas hace un año, teniendo como anfitrión al propio embajador Stanley.

´China atómica´

El verdadero temor es a los planes nucleares chinos, que revisten gran escala. China, que cuenta con 51 reactores en operación, y 18 en construcción, planea construir al menos 168 nuevos reactores en los próximos 15 años, más de los que el resto del mundo ha construido en los últimos 35. Si cumple su meta, el país superará a Estados Unidos como mayor generador de energía nuclear del mundo, que actualmente cuenta con 93 reactores.

Además, China afirma haber desarrollado un sistema que permite reutilizar los residuos radiactivos de las centrales nucleares como nuevo combustible apto para esas mismas plantas, evitando la generación de residuos radiactivos.

Y como vimos en Argentina, el proyecto nuclear chino no se reduce a su propio territorio, también espera exportar en función de un "camino de la seda Atómico". En 2019, el ex presidente de China National Nuclear dijo que China podría construir 30 reactores en el extranjero, que podrían hacer ganar a las empresas chinas 145.000 millones de dólares para 2030.

El gobierno que viaja a Estados Unidos rogando por dólares y que está dejando un tendal de deudas, renuncia a cierto financiamiento chino y a proyectos proveedores de divisas es pos de realizar nuevos gestos de pleitesía, totalmente gratuitos.

Milei no se cansa de incumplir contratos, la base jurídica y formal del capitalismo por el que tanto se rasga las vestiduras.

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