Derrotemos la contrarreforma laboral mediante movilizaciones, huelgas y una huelga general

Escribe Política Obrera

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El antagonismo entre los intereses de la clase obrera y el gobierno de guerra de Milei es irreconciliable.

La “contrarreforma laboral” ya tiene fecha y hora en el Senado. Es una señal de que Milei ha reunido las ‘voluntades’ para liquidar el derecho del trabajo en Argentina.

Es el gran objetivo de toda la clase capitalista desde hace décadas.

A la liquidación de la jornada de ocho horas; el fin del contrato indefinido y de la indemnización por despido; la imposición de vacaciones fragmentadas; la prohibición de las huelgas y de las asambleas -a este estatuto carcelario e inconstitucional, los voceros del capital lo llaman “modernización laboral”.

No es reforma sino contrarreforma: convierte el derecho del trabajador a una defensa legal contra los atropellos patronales, en una prerrogativa jurídica a disponer de la fuerza laboral sin límites ni condiciones.

Esta declaración de guerra contra la clase obrera no se circunscribe a la Argentina: en todo el mundo, la tendencia de los gobiernos capitalistas es a liquidar y degradar las conquistas obreras, y las libertades democráticas en su conjunto.

Lo muestra el genocidio palestino en Gaza; la guerra de la Otan y Rusia para repartirse Ucrania y y Asia Central; el asalto a Venezuela; la amenaza de guerra contra Irán; y la cuarentena en torno a Cuba. Y, por aquello de que ningún pueblo de una nación opresora es libre, la salvaje represión contra migrantes y ciudadanos en Estados Unidos.

La liquidación de los derechos laborales es una ofrenda del gobierno de Milei al conjunto de la clase capitalista nacional y extranjera.

Mientras tanto, se han perdido centenares de miles de empleos en dos años, se hunden los salarios y crece la inflación, y la deuda pública usuraria no deja de crecer. El endeudamiento personal ha llegado a límites de quiebra, amenazando a grandes contingentes del pueblo argentino. La respuesta del gobierno es falsificar al Indec.

Frente a la contrarreforma laboral, el peronismo se divide entre los que la apoyan abiertamente y aquellos que, como Cristina Kirchner, la apoyan en forma indirecta, reclamando una pseudo “actualización laboral”. Acarician el trabajo sucio social de Milei, como Néstor Kirchner el de Duhalde, para luego poder gobernar como un Papa Noel. Pero esta política ya fracasó con Macri, cuando el dúo de los dos Fernández se hundió por completo en la mitad de su mandato.

La clase obrera vive una conmoción en las fábricas, reparticiones, hospitales y escuelas. Medio país se encuentra movilizado, pero en forma parcial e intermitente. La burocracia de los sindicatos, incluso de los que se reivindican de ‘izquierda’, bloquean la generalización de las luchas y una huelga general. Se han hecho fanáticos de las ‘conciliaciones obligatorias’; los choferes de numerosas líneas, en cambio, se han lanzado a una huelga general. Es la hora de la autoconvocatoria y de las coordinadoras, para poner en pie a la clase obrera y abrir una perspectiva independiente de todos los partidos patronales.

Las burocracias (oficialistas o disidentes) han esperado a las sesiones del Congreso para lanzar alguna forma de ‘protesta’ contra el hecho consumado. La lucha contra la contrarreforma laboral, los despidos y suspensiones, y los cortes y atrasos en los salarios no pueden ajustarse al ritmo del parlamentarismo patronal. Debe determinar su ritmo propio: una huelga general contra la contrarreforma antes, durante y después del trámite parlamentario.

-Abajo la contrarreforma laboral, defensa incondicional de los derechos de lucha de la clase obrera.

-Salario mínimo igual a la canasta familiar por 8 horas de trabajo. Aumento de emergencia del 50% sobre salarios y jubilaciones.

-Ningún despido ni suspensión. Apertura de los libros de las empresas.

-Fuera Trump y el imperialismo de Venezuela, de Cuba y de América Latina. Por gobiernos de trabajadores y por la Unidad Socialista de América Latina.

Política Obrera, 6.2.2026

Revista EDM