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En Estados Unidos aparecen implicados y han dimitido de sus cargos el ex secretario de Trabajo Alex Acosta y el director del Media Lab del MIT, Joichi Ito. El banco JP Morgan también recibió denuncias del gobierno de las Islas Vírgenes por su presunta implicación en el tráfico sexual operado por Epstein. Uno de los principales señalados es su amigo y ejecutivo del banco, Jess Staley, quien intercambió correos electrónicos solicitando “personajes de Disney”, en una trama que también roza a Elon Musk, Sergey Brin (Google) y Bill Gates (Diario Red, 3/10/25).
Posteriormente, Leon Black —cofundador de Apollo Global Management—, denunciado por violación por Cheri Pierson y por Jane Doe (de 12 años) en la mansión de Epstein, pagó 62,5 millones de dólares para evitar cualquier reclamación legal a Epstein vinculada a la investigación por tráfico sexual al gobierno de las Islas Virginia. Børge Brende, ex ministro de asuntos exteriores de Noruega y jefe del foro de Davos, presidente y director ejecutivo del World Economic Forum también tuvo que renunciar tras sus vinculaciones en los mails con el pederasta.
Los documentos fueron desclasificados luego de una “purga” en el Departamento de Justicia estadounidense, que quedó conformado por agentes leales al presidente. Todo esto sale a la luz en medio de tensiones internacionales, con amenazas de invasión sobre Groenlandia y Cuba, declaraciones sobre Colombia, México e Irán, y la represión del ICE en territorio estadounidense.
Terje Rød-Larsen, uno de los impulsores de los Acuerdos de Oslo que permitieron a Israel expandir su dominio en Gaza y Cisjordania, aparece implicado en la red de Jeffrey Epstein. Documentos liberados por el Departamento de Justicia estadounidense demuestran que Rød-Larsen habría recibido en 2013 un préstamo de 130.000 dólares y que utilizó sus influencias políticas para gestionar visados a jóvenes rusas vinculadas a Epstein, a quienes describía como poseedoras de “habilidades excepcionales adecuadas para funciones de investigación”. Su esposa, Mona Juul, embajadora de Noruega en Jordania e Irak, también fue mencionada y presentó su dimisión mientras se iniciaba una investigación contra Jagland (Diario Socialista, 13/02/2026).
Desde Gaza, el analista político Wissam Afifa declaró: “Nosotros, los palestinos, fuimos tratados como menores de edad, considerados como sin derecho a exigir nuestros derechos. Hoy descubrimos que una gran parte del sistema internacional es, esencialmente, la Isla Epstein. El mundo se gestionaba desde la isla de Epstein, en habitaciones oscuras” (ídem).
En el Reino Unido también se produjo una ola de renuncias. En los archivos aparecen el nombre del ex príncipe Andrés y su ex esposa, Sarah. Asimismo, Morgan McSweeney, jefe de Gabinete del primer ministro británico Keir Starmer; el ex embajador del Reino Unido en Estados Unidos, Peter Mandelson, miembro de la Cámara de los Lores y figura clave del Partido Laborista (Estrategia. La, 17/02/26).
En Francia, Jack Lang, presidente del Institut du Monde Arabe y ex ministro de Cultura, es investigado por fraude fiscal agravado debido a sus transacciones con Epstein. También figura Brad Karp, presidente de la influyente firma legal Paul Weiss.
El ex primer ministro israelí Ehud Barak aparece reiteradamente en los archivos, evidenciando un vínculo cercano con Epstein, quien habría actuado como asesor financiero, intermediario y facilitador político. Netanyahu negó cualquier relación institucional con Epstein (Infobae, 8/02/26), pero documentos del FBI (La Jornada, 8/02/26) señalan que Epstein habría sido entrenado como espía del Mossad por Barak. También mencionan a Alan Dershowitz —amigo y asesor de Netanyahu— como uno de los defensores del magnate.
“Barak fue socio, por ejemplo, de Epstein: quien financió la inversión en la empresa israelí Carbyne, fundada por antiguos miembros del Ejército israelí” (Diario Red, 3/10/25). Carbyne brindaba servicios de geolocalización a sistemas de emergencia 911 en Israel, México y Colombia, y fue fundada por ex integrantes de la Unidad 8200, encargada de tareas de ciberespionaje.
La relación también incluyó la venta de “tecnologías de vigilancia israelí” al régimen de Costa de Marfil tras el estallido social de 2010, derivando en un acuerdo de seguridad firmado en 2014. La misma dinámica se replicó en Mongolia. Según correos electrónicos revelados por Dropsite News, Epstein incluso ofició de mediador ante Rusia para convencer a Vladimir Putin de abandonar a Bashar Al Assad en Siria.
Dos semanas antes de su muerte en 2018, Epstein se reunió con Ariane de Rothschild para conseguir financiamiento destinado al desarrollo de ciberarmas israelíes, a pedido de Barak (Diario Red, 3/10/25).
En los archivos también se mencionan donaciones de Epstein a Amigos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FIDF) y al Fondo Nacional Judío (JNF), organización vinculada a la expansión de asentamientos en Cisjordania.
En los correos también aparece la promoción activa de Israel por parte de Epstein. En 2018 organizó una reunión entre el ex primer ministro qatarí Hamad bin Jassim y Ehud Barak en Londres. Asimismo, “El primer ministro Modi envió a su amigo gujarati, Anil Ambani, para transmitir a Trump, a través de Epstein…” (Estrategia. La, 24/02/26) Según esos intercambios, Epstein asesoró a Modi sobre cómo aproximarse a Trump e Israel.
En Argentina, aparecen referencias al programa de “seguridad” y cámaras de la Ciudad de Buenos Aires impulsado por Mauricio Macri, en conexión con empresas del complejo tecnológico-militar israelí.
El escándalo Epstein revela algo más profundo que una red de explotación sexual: expone el carácter histórico agotado de una clase dominante que sólo puede sostener su dominio mediante la guerra, la vigilancia masiva, la corrupción y el chantaje. La impunidad con la que estas élites operaron no es una desviación del sistema, sino su consecuencia. Cuando el capital financiero concentra poder económico, también concentra información, influencia política y capacidad de encubrimiento. La interconexión entre magnates, servicios de inteligencia, diplomacia paralela y negocios de ciberseguridad no es una conspiración abstracta: es la forma concreta en que funciona el imperialismo en el siglo XXI. Epstein no fue una anomalía. Fue un engranaje. Frente a un régimen que convierte cuerpos, territorios y tecnologías en mercancía, la salida no es moralizar al capitalismo ni esperar que el mismo Estado que protege a estas élites las juzgue. La única fuerza capaz de desmantelar estas redes de poder es la clase obrera organizada internacionalmente.
Fuentes:
https://estrategia.la/2026/02/18/los-archivos-de-epstein-han-provocado-renuncias-en-10-paises/
https://www.jornada.com.mx/2026/02/08/mundo/017n1mun
https://estrategia.la/2026/02/25/geopolitica-de-los-archivos-epstein/
