Escribe Jorge Altamira
Se perfila una guerra arancelaria de billones de dólares.
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El conflicto entre el gobierno imperialista de Trump y los gobiernos imperialistas de la Unión Europea (más Gran Bretaña) ha escalado en forma significativa luego del envío de un número simbólico de tropas a Groenlandia, por parte de ocho estados del Viejo Continente. La isla se encuentra bajo la soberanía de Dinamarca, integrante de la Unión Europea, desde mediados del siglo XVIII. Esta operación es, sin embargo, ficcional, pues pretende responder al ultimátum de Trump de que la seguridad de Estados Unidos y de la OTAN se encontrarían en peligro si no media la anexión de Groenlandia por parte de Washington. Trump ha respondido con el anuncio de que la ocupación de la isla noratlántica es inminente y un aumento del 15% de los aranceles a las importaciones de esos países a partir del 1 de febrero, que llegaría al 50% en junio próximo en caso de que los afectados respondan con contramedidas. Un número elevado de observadores internacionales ha señalado que la decisión de ocupar y anexar Groenlandia, por parte de Trump, es irreversible. En efecto, la anexión de ese espacio territorial está estampada de la Declaración de Seguridad Nacional publicada por el gobierno norteamericano el 4 de diciembre pasado. El aspirante a dictador en el país modelo de la “democracia occidental” no está dispuesto tampoco a subordinarse a una decisión del Congreso estadounidense, a pesar de que las encuestas muestran un elevado rechazo de parte de la ciudadanía estadounidense a la anexión, luego de prevalecer en una votación reñida gracias al voto de desempate de J. Vance, que oficia como presidente del Parlamento. Trump considera que Groenlandia se encuentra bajo la cobertura de la doctrina Monroe (“América para los norteamericanos”) bajo el pretexto de que es parte del hemisferio occidental. Esta geopolitización del relato imperialista pone bajo la mira también a Canadá, que Trump ha prometido convertir en el estado 51 de la Unión Americana. Trump ya habría puesto una cifra a la “oferta pública” de anexión de Groenlandia –700.000 millones de dólares, más barato que una ocupación forzada del territorio.
La justificación de Trump para anexar Groenlandia es que, de otro modo, caería bajo la dominación de Rusia y de China. Se trata de una hipótesis interesada, pues el corredor por el que transita el comercio internacional de ambos países en el Ártico no llega al hemisferio occidental. Las autoridades autónomas de la isla también han señalado que no han recibido ninguna demanda o reclamo de Rusia o China para obtener concesiones mineras. Trump, en cambio, ha ofrecido a Rusia un reparto de Ucrania, lo que de concluirse representaría un fortalecimiento, aunque condicionado, del gobierno de Putin, con consecuencias en el mar Báltico y en el mismo Ártico oriental. La expectativa de que la isla encierre grandes riquezas mineras, en especial las contenidas en las tierras raras, no ha sido todavía confirmada por operaciones de exploración y costos de extracción. En cualquier caso, la dificultad mayor que representan las tierras raras es la elaboración industrial (separación y refinación) de esos minerales, que se encuentra bajo el dominio de China (85-90%), que es el resultado de medio siglo de inversiones. En cuanto a la seguridad militar, sólo Estados Unidos tiene bases militares en Groenlandia, en la capital y en el norte de la isla. La anexión de Groenlandia, como también el protectorado ‘de facto’ impuesto en Venezuela (con implicancia para toda América Latina); la dominación establecida en Medio Oriente; la amenaza de una guerra ‘relámpago’ contra Irán; la reestructuración de las cadenas internacionales de producción; la guerra comercial y financiera; todo esto forma parte de una estrategia política en distintos frentes para aislar y producir un cambio de régimen en China – incluida la guerra. Como único imperialismo realmente mundial, el equilibrio social y político nacional de Estados Unidos depende de su hegemonía internacional.
Algunos medios internacionales han sacado la conclusión de que el propósito de Trump sería producir un cambio de régimen en Europa continental. Es lo que se desprende, nuevamente, de la misma Declaración de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, que señala que Europa está perdiendo la identidad nacional y una declinación civilizatoria –como lo ha denunciado la extrema derecha europea. Se trata de un planteo fascista que parte del propósito de expulsar a la inmigración “no cristiana” de Europa, en una suerte de cruzada medieval. La ultraderecha, precisamente, ha adoptado, en su mayoría, una posición ambigua hacia el intento del imperialismo norteamericano de anexar Groenlandia y confrontar con la UE y Gran Bretaña, vista la perspectiva de cambio de régimen que impulsa el fascista vocacional norteamericano. Es lo que ocurre en especial con la AfD de Alemania, o la Lega de Italia y la derecha de Polonia, de Chequia, de Eslovaquia y de Rumania. El Frente Nacional de Francia, antinmigración y decididamente partidario de una “Europa de Naciones”, ha denunciado, sin embargo, el proyecto de Trump, sin ofrecer ningún apoyo a los gobiernos involucrados, en atención a las elecciones que tendrán lugar en Francia en marzo próximo. La Declaración de Seguridad Nacional denuncia el carácter supranacional de la UE y reclama una devolución de derechos políticos a las diferentes nacionalidades, con toda la intención de derribar el Banco Central y el euro, que son precisamente instituciones supranacionales. Analistas internacionales de tendencia prorrusa deducen que Trump pretende dividir a la UE entre un sector encabezado por Alemania y Francia, y otro por Polonia y los estados del Báltico. De todos modos, existe la posibilidad de victorias de la ultraderecha en Francia y en Alemania. Para el aniversario del Holocausto (Yad Vashem) la derecha de Israel ha convocado precisamente a la extrema derecha europea responsable de la Shoa (genocidio judío) a una conferencia contra el antisemitismo…
La presión para desintegrar a la Unión Europea impacta en la guerra de la OTAN contra Rusia; la extorsión de Trump para forzar la capitulación de la UE en cuanto a Groenlandia, allana el acuerdo de Trump con Putin, al que se opone la UE. Sin ayuda financiera de Estados Unidos, el costo de la guerra ha subido fuertemente para la UE; ha crecido la posibilidad de quedar afuera del reparto de Ucrania. En estas condiciones, Putin ha extendido la guerra al noroeste –Kharkov (la segunda ciudad en importancia de Ucrania) y Suny, y se ha lanzado a la destrucción masiva de la infraestructura civil del país. Las deserciones en el ejército ucraniano se cuentan en decenas de miles y el boicot al alistamiento militar es masivo. Las fuerzas de seguridad salen a la caza de jóvenes en masa; el despedazamiento que puede sufrir Ucrania podría ir más que la ‘propuesta de paz’ efectuada por Trump a Putin. Algunos ya delinean que la parte ‘independiente’ de Ucrania podría quedar reducida al oeste tradicional, bajo la tutela de Polonia –un país históricamente opresor de Ucrania. El destino de la OTAN se encuentra sellado. Ninguna tentativa de aproximación entre Trump y la UE podría retrotraer a su estadio anterior al inicio de esta guerra mundial. El encadenamiento de las llamadas ‘guerras locales’ describe el desarrollo de una guerra mundial.
Por aquello de que “todo tiene que ver con todo”, la cuestión de Groenlandia ha desatado una escalada en la guerra financiera internacional –y una crisis política adicional. Obligada por la suba de aranceles de Trump contra sólo ocho potencias europeas, la UE podría verse incapacitada de dar una respuesta arancelaria con aval comunitario. El paquete arancelario que discute la UE suma 93 mil millones de dólares. Apunta contra importaciones de Boeing, whisky bourbon, motocicletas Harley Davidson y otra variedad de productos. En una instancia adicional cerraría el mercado europeo a las tecnológicas estadounidenses. El 'va y viene’ de represalias podría ser demoledor para ambas partes, con resultados peores a los recogidos en la década de los treinta del siglo pasado. Una ocupación militar relámpago de Groenlandia podría abortar una guerra comercial en escalada por un reseteo del nuevo status creado por la ocupación. Emmanuel Macron de todos modos ha propuesto recurrir a medidas “anticoacción’, reguladas por la UE, que prevén un retiro de activos europeos en la deuda pública y en el mercado accionario norteamericano, evaluados en 8 billones de dólares. “Europa es el principal acreedor de Estados Unidos (…) duplica al del resto del mundo combinado” (FT, 18/1). Si se suman otras inversiones de menor liquidez, la acreencia sumaría 13 billones de dólares. La crisis ha puesto de manifiesto que la UE es acreedora neta de Estados Unidos (“un récord” de acuerdo a FT), no lo contrario; EEUU es un deudor neto internacional. Obviamente, estas acreencias no son exclusivamente del sector público –para sumar a los acreedores privados debería aprobarse una legislación especial, de características de excepción (poner un límite a la tenencia de deuda para cada inversor privado). Cualquier flujo negativo de fondos de Estados Unidos, de cierta envergadura, afectaría al conjunto de los acreedores nacionales e internacionales, en especial cuando la deuda pública norteamericana alcanza los 38 billones de dólares, en parte poseída por la Reserva Federal. Se ha establecido, de este modo, un cruce de extorsiones recíprocas, como en una carrera de autos que tiene el objetivo de ver quien pisa primero el freno para no caer al abismo. El Financial Times se pregunta: “¿Puede realmente Europa apalancar su pila de 12,6 billones de dólares de activos norteamericanos?” Una salida importante de capitales de EE.UU. necesita encontrar una inversión alternativa, lo cual alteraría los mercados de capital de otros países y, hasta cierto, punto la cotización del oro, que ya se ha disparado hacia los 5.000 dólares la onza. El hundimiento del dólar provocaría una destrucción masiva de capital. La utilización de las finanzas como arma de guerra puede conducir a una catástrofe social que rivalizaría con una guerra militar generalizada.
La Bolsa norteamericana no ha registrado en su amplitud el desarrollo de esta crisis; cuando ocurra, forzará a Trump a un recule, en todo caso provisional. Es lo que ocurrió con el derrumbe del 4 de abril del año pasado cuando anunció el ‘arancelazo’. Tampoco ha hecho efectivas las sanciones que debían gravar con aranceles del 25% a los países que negocien con Irán; esto no es, como se la llama, una política “transaccional”, porque cada transacción deja un cuadro de crisis agravado. Son golpes de fuerza para medir la fuerza adversaria o ablandarla; forma parte de una guerra. La amenaza de ocupar Groenlandia ha provocado movilizaciones parciales de corte nacionalista antiyanqui en algunos estados europeos. Refleja la ilusión de que la respuesta de la UE (envío simbólico de soldados a la isla) es capaz de evitar consecuencias mayores. Pero los países imperialistas de Europa están forzados a capitular, como ha ocurrido con el ‘madurismo’ en Venezuela, con características especiales. La UE podría transar una cesión de derechos en Groenlandia a cambio de un apoyo militar de EE.UU. en la guerra contra Rusia. Trump podría accionar su oferta de compra por 700.000 millones de dólares para ‘persuadir’ a una mayoría de los 60.000 habitantes de Groenlandia a ceder el territorio mediante algún procedimiento previamente convenido. Trump, por su parte, ha instalado una Junta de Paz en Gaza para terminar con la autodeterminación nacional palestina. En Estados Unidos, la movilización contra los crímenes de la autoridad de represión contra los inmigrantes podría concretar una huelga general. Estados Unidos es el epicentro de la crisis mundial. La declinación de la dominación imperialista ha roto para siempre el equilibrio social y político en el país que se encamina hacia dictadura a determinado plazo y, alternativamente, a una situación revolucionaria.
El reclamo de anexar Groenlandia por parte de Trump, pone en primer plano la disputa imperialista con la Unión Europea y la preparación de una guerra contra China Por Marcelo Ramal, 16/01/2026.
