Escribe Leonardo Perna
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A través del tiempo las convocatorias a la movilización por San Cayetano fueron atravesadas por diferentes momentos en la lucha del movimiento obrero. Teniendo en cuenta las características de las centrales sindicales, la iglesia católica y más recientemente las organizaciones sociales que la convocan, fueron cambiando su contenido y sus planteos. En ese sentido, para introducirnos en la primera convocatoria a una “Movilización por San Cayetano” hay que ponernos en el contexto posterior al golpe de estado militar del 24 de marzo de 1976.
En marzo del 76 la burocracia sindical se borró de toda lucha a pesar de que 200 fábricas pararon en repudio al golpe. Los militares y las patronales avanzaron rápidamente asesinando a miles de delegados obreros, despidiendo masivamente e interviniendo los sindicatos. Tras esto, los salarios retrocedieron el 40 % y con la violencia se imponía la política económica de Martínez de Hoz, el “Toto” Caputo de esos años (https://politicaobrera.com/10716-politica-obrera-en-la-transicion-1983-parte-i).
Política Obrera (primera época) caracterizó la situación: “Es inevitable, por lo tanto, una serie de enfrentamientos entre la Junta y la clase obrera, que en ningún caso serán generales, pero que irán minando la imagen de árbitro que intenta proyectar el gobierno. Debido a la no derrota directa de la clase obrera, debido a la situación de compromiso entre los altos mandos y debido al desquicio que provocará el plan de Martínez de Hoz, es inevitable una crisis a corto plazo en el seno de la Junta Militar. El factor que irá quebrando el precario equilibrio actual es el plan económico.” (Política Obrera 14 de abril de 1976).
Con la llamada “ley de seguridad industrial” de septiembre de 1976 se intentaba encarcelar de 6 a 10 años a cualquiera que reclamara hasta lo más mínimo. A pesar de esto, a finales del 76 los reclamos tomaron forma de movilizaciones nacionales con centro en las automotrices y metalúrgicas del AMBA; eran los activistas los que estaban a la cabeza del reclamo por fuera de las direcciones y la burocracia. Las empresas echaron lastre con un pequeño aumento y normalizando la jornada de trabajo para luego volver a la carga despidiendo activistas. En su primer año la dictadura sufrió reclamos parciales que Política Obrera definió como “un primer repunte obrero, aún débil y que será zigzagueante y vacilante por mucho tiempo que conocerá derrotas pero que marca el esfuerzo iniciado por poner un límite a la amplia ofensiva patronal”.
En el verano del 77, un intento de extender la jornada y retirar conquistas llevo a una huelga de Telefónicos y de Luz y Fuerza que la burocracia llevó a la derrota para negociar con la dictadura. El secuestro y asesinato de Oscar Smith, secretario general de Luz y Fuerza, reabrió la huelga hasta que una intervención del sindicato levantó el paro. Los conflictos siguieron y para mediados del año las huelgas tomaron el cordón industrial de San Lorenzo.
Política Obrera caracterizó que aún la situación no estaba madura “los reclamos, si bien se están generalizando, no están coordinados y se mantienen en los límites fabriles” (https://politicaobrera.com/10722-politica-obrera-ante-la-transicion-democratica-parte-ii), recién al final de 1977 con los paros ferroviarios y en el Subte el tema tomó volumen nacional. Durante los años 1978 a 1980 fue la lucha de Alpargatas, junto a Olivetti y los portuarios la que marcó el estado del movimiento obrero. La dialéctica entre crisis capitalista y lucha de clases era lo que marcaba el pulso de la situación política (https://politicaobrera.com/10727-politica-obrera-ante-la-transicion-democratica-parte-iii).
A comienzos del 81 una devaluación de Martínez de Hoz “puso de relieve toda la confusión, la incapacidad de decisión y la crisis de orientación que domina a los círculos de la dictadura” (Política Obrera 10 de marzo de 1981, “Bajo el signo de la catástrofe”). Para junio, la lucha de automotrices y metalmecánicas pateó el tablero definitivamente, reclamando contra las suspensiones y cierres de empresas. Con una huelga general coparon la Plaza de Mayo en momentos en que una CGT golpeada y repudiada por las bases atravesaba una interna del peronismo.
Las luchas crecían exponencialmente; el 15 de octubre familias de detenidos y desaparecidos reclamaron en la Plaza de Mayo, periodistas denunciaron la represión en su gremio y el paro nacional del 22 de julio movilizó miles de trabajadores mientras la universidad reclamó contra el arancelamiento. Octubre del 81 tuvo la organización de asambleas de despedidos en las automotrices y la industria química con centro en fábricas como Peugeot, Mercedes-Benz y Petroquímica Sudamericana. Se creaba la CGT-Brasil bajo la dirección de Saúl Ubaldini del gremio cervecero que tenía el acompañamiento de la iglesia católica. Esta central, sin participar de la acción fabril, comenzó a hacer convocatorias y protestas.
Eran meses donde la desocupación llegaba al 12,7 %; bajo presión se convocó el sábado 7 de noviembre a una jornada por San Cayetano. Un mes luego del día del patrono católico del pan y del trabajo, un santo con fuerte devoción y arraigo en la Argentina en particular desde el crack capitalista del año 1929. Con la consigna “Paz, pan y trabajo” en la concentración tuvo un importante papel Ubaldini.
A pesar de que no había una consigna contra la dictadura, la caminata desde el estadio mundialista de Vélez Sarsfield en Liniers hasta la iglesia de San Cayetano, que era un “día de oración”, abrió la puerta a la movilización más grande contra la dictadura hasta el momento. Fueron más de 10.000 asistentes, entre ellos obreros, estudiantes y familiares de desaparecidos que tomaron el protagonismo con una consigna que golpeó duro y abrió una crisis: “¡Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar!".
La marcha incluyó una guerra de consignas, donde la burocracia provocó cantando “ni yanquis, ni marxistas, peronistas” y la marcha peronista. Por los parlantes, el párroco de la iglesia cantaba salmos en continuado para tapar todo el desmadre. Nuestra corriente sintetizó previamente el valor de la jornada “Luchar a brazo partido por explotar la mezquina brecha abierta por la CGT para hacer una manifestación política contra la dictadura”. Días luego dijo “Los obreros, empleados, estudiantes y familiares de desaparecidos y presos que corearon mayoritariamente “libertad”, “los desaparecidos... que digan donde están” y “se va a acabar la dictadura militar” hablaron por toda la población oprimida” (Política Obrera 9 de noviembre de 1981).
No solo la burocracia fue completamente desbordada, sino que el volumen de la movilización y la crisis fue tal que la “Multipartidaria”, una mesa de transición cívico-militar del PJ (peronismo), la UCR (radicales), el PI (partido intransigente) y el Partido Comunista, tuvo que salir públicamente a explicar que no apoyaban la marcha. “La multipartidaria es hostil a toda movilización por restringida que sea porque su perspectiva no es la desestabilización del “proceso”, quieren que éste se reforme parcialmente, pero por sobre todo quieren impedir la intervención de las masas frente a la descomposición de la dictadura.” señaló Política Obrera.
“El 7 de noviembre fue una muestra de cómo es posible enfrentar la ofensiva antiobrera de la dictadura. Se demostró que las negociaciones entre bambalinas con la dictadura, que las gestiones con la burguesía “opositora” de la multipartidaria, que el declaracionismo vacío que paraliza al movimiento obrero, están más desprestigiados que nunca. Se demostró que es la hora de las grandes manifestaciones de masas, de impulsar todos y cada uno de los movimientos reivindicativos de la clase obrera, de los estudiantes, de los “familiares”, que se multiplican constantemente y de centralizarlos.”, concluía nuestra prensa.
Horas luego, la dictadura acusaba el golpe de la movilización que trató de impedir y emitía en medios amigos lo siguiente: “El ministro del Interior, Horacio Tomás Liendo, concurrió sorpresivamente a la parroquia, mientras se oficiaba la misa, y posteriormente declaró que al Gobierno le preocupa la desocupación”. El nuevo escenario abierto por la movilización de “San Cayetano” llevó a un avance de las luchas callejeras y aún a más crisis tanto en la CGT-Azopardo de Triaca y Cavalieri como en la CGT-Brasil de Ubaldini y Lorenzo Miguel. Tras una misa en La Matanza que terminó a los golpes entre ellos y sus bases, convocaron a una nueva marcha.
El 30 de marzo de 1982 se marchó a Plaza de Mayo con la consigna nuevamente de “Pan, paz y trabajo!” en donde los 50.000 manifestantes coparon con el canto “pan, trabajo, la dictadura abajo” (https://politicaobrera.com/6716-a-40-anos-del-30-de-marzo-de-1982-la-movilizacion-obrera-que-volteo-a-la-dictadura). La dictadura valló Plaza de Mayo, los accesos a la Capital Federal y reprimió la manifestación. La respuesta fue un feroz combate callejero con barricadas, un “porteñazo” en donde estudiantes y obreros llevaron la huelga de masas a todo al centro de la ciudad de Buenos Aires. La jornada se extendió a todo el interior del país y tanto Ubaldini como las Madres de Plaza de Mayo terminaron detenidos.
A pesar de los heridos y detenidos, la jornada mostró que la dictadura estaba en camino de salida. Desesperada unos pocos días después, intentaría una ocupación de las Islas Malvinas, pero el golpe de gracia ya estaba dado. En esos meses, la inflación estaba en el orden massista de un 20 % mensual. Política Obrera N°328 del 5/4/1982 explicó “Se ha querido, y se quiere, arrastrar a los trabajadores argentinos detrás de la dictadura, aprovechando el asunto de las Malvinas, e incluso blanquearla por sus crímenes, hacer olvidar su entreguismo y su agresión a los trabajadores. Y esto, especialmente, después de la gran jornada del 30, que desbarató todos los esfuerzos de freno y parálisis de la Multipartidaria.” (https://politicaobrera.com/16000-2-de-abril-para-luchar-contra-el-imperialismo-ningun-apoyo-a-la-dictadura).
La movilización de San Cayetano es una muestra de cómo bajo el fascismo de la dictadura, aprovechando una crisis, el activismo obrero abrió una hendija por donde llevar sus reclamos adelante. Reorganizándose bajo la persecución más sangrienta de nuestra historia evitó una derrota de fondo y un aplastamiento de sus reivindicaciones (https://politicaobrera.com/747-24-de-marzo-1976-2020-politica-obrera-bajo-la-dictadura-una-escuela-revolucionaria).
Para 1983, el PJ y la UCR se prestaron para auxiliar una salida “democrática” al asunto, salida que facilitó una impunidad en los hechos a los genocidas y represores. Finalmente, la CGT atravesada por una enorme crisis de desprestigio por las entregas y traiciones sistemáticas, no logró su cometido de apuntalar a la dictadura para imponer un nuevo orden puertas adentro de las fábricas. A pesar de ellos, fue la lucha obrera (cuando seis de cada diez desaparecidos eran activistas o delegados sindicales) la que con paros, movilizaciones y acciones de lucha heroicas derrotó a la junta militar.
En la actualidad las movilizaciones del San Cayetano, que con cierta regularidad la burocracia sindical y el triunvirato piquetero convocan los 7 de agosto de cada año, no tienen puntos de continuidad con las convocadas por la CGT-Brasil bajo la dictadura militar. Teniendo en cuenta el contenido religioso y de concordia social de todas ellas, existe un contraste entre unas y otras.
Tras la pandemia, la fecha volvió figurar en la agenda, en el año 2022; tras dos años borrados de cualquier tipo de reclamo el triunvirato piquetero, “los cayetanos” de la CCC, UTEP y Movimiento Evita, volvieron a marchar. Con la consigna “sin pan y sin trabajo” la marcha fue por tramos desde la Basílica de Lujan hasta la iglesia de San Cayetano en Liniers (https://politicaobrera.com/7631-la-movilizacion-de-los-cayetanos). A la cabeza estuvieron Juan Grabois, Daniel Menéndez, el “Gringo” Castro, junto a funcionarios y exfuncionarios de la gestión de Alberto Fernández. En Liniers se convocaron junto a gremios como ATE para marchar hasta Av. de Mayo y 9 de Julio donde montaron un escenario.
Descontentos, aprovecharon la jornada para reclamar proyectos sociales en línea con la “ley de emergencia alimentaria”, fondos para su red de cooperativas y para meter cuchara en la crisis que atravesaba el ejecutivo de su propio gobierno. “No vamos a tolerar que los de abajo no obtengan respuestas” decía la UTEP preocupada y Grabois amenazó con romper el bloque de diputados del ‘Frente de Todos’; pero sin resignar ningún cargo en el Estado. En el palco, el arzobispo Marco Poli calmó los ánimos y propuso “poner el hombro para reconstruir el país”. En esos meses, mientras los funcionarios se peleaban por el reparto de las ultimas migajas, el gobierno a cargo del “súperministro” Sergio Massa caminaba derecho a una hiperinflación.
En este declive, para el año 2024 la movilización por “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo” de San Cayetano pasó a tomar forma de una farsa política. El contexto era a un año de asumido el gobierno liberticida de Javier Milei y tras el golpazo de una devaluación del 100 % en diciembre del 2023. La movilización cayetana terminó en la Plaza de Mayo en un acto conjunto de la CGT, la CTA y la UTEP. Los oradores dejaron de lado cualquier opción que no sea esperar al 2027 para recuperar el gobierno e increparon pidiendo la unidad del movimiento popular bajo la égida de la burocracia y el peronismo (https://politicaobrera.com/12405-san-cayetano-para-matar-el-hambre-hay-que-esperar-a-2027).
Lo burdo del planteo solo fue superado por la fuerte presencia en corte electoral del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof y su delegación de funcionarios. La CGT de Héctor Daer y Pablo Moyano declaró a los pies del palco: “Este es un gobierno que ataca a los trabajadores y hay que confrontarlo en la calle y conformando un gran frente nacional para el año que viene, que nos permita tener mayoría en ambas Cámaras.”; para la burocracia la marcha fue el escalón de una operación legislativa.
El eterno “Hay 2019” de épocas de Mauricio Macri, se reeditó en que pasen los despidos, la reforma laboral, la Ley Bases y la eliminación de los alimentos a los comedores en función de esperar a las elecciones del año 2027. En esa oportunidad también se respetó el protocolo represivo de Patricia Bullrich que acordó la circulación de la movilización; cartón lleno. En una Plaza de Mayo semivacía el aparato del PO y el PTS se prestaron como auditorio de esta lavada de cara a la CGT. En una jornada de espalda a las luchas, sin asambleas, sin paro y sin programa el FITU dio su apoyo a la cúpula cegetista con una ‘columna independiente’ (https://politicaobrera.com/12386-cgt-farsa-cayetana).
Durante el gobierno de Javier Milei, el sindicalismo peronista estuvo de espaldas a las luchas contra los despidos y cierres de ocupaciones como la de Lustramax y FATE, pero sí muy pendiente de qué sucederá con el “aporte solidario” de los no afiliados a los sindicatos. El ‘toma y daca’ con el mileismo es evidente.
En el 2025 la tónica de la convocatoria fue derechista. Se mantuvo el “Paz, pan, tierra, techo y trabajo” en un acto dominado por la CGT y las dos CTAs (https://politicaobrera.com/14651-san-cayetano-2025-la-movilizacion-dio-lugar-a-un-acto-de-las-cgt-y-las-cta). La sorpresa para la población fue que volvieron a dar señales de vida luego de un largo letargo y aparezcan todos juntos en un gran palco, que fue dominado por burócratas reaparecidos o famosos por entrar y salir de la Casa Rosada. La misa en la iglesia de Liniers donde comenzó la jornada contó con un discurso del arzobispo García Cuerva que destaco “el equilibrio de las cuentas públicas” y recordó que el Estado es el “custodio y guardián de la vida de los más pobres, de los más débiles, de los ancianos que siguen esperando una jubilación digna”.
La UTEP, ATE y UOCRA coparon el frente del escenario en donde cada sindicato exhibió su aparato más rudimentario. Rodolfo Aguiar de ATE celebraba, a pesar de la masacre de despidos estatales: “Milei ya empezó a ser derrotado en el Congreso”. Cuando pasaba lo contrario, los aliados peronistas de Milei en diputados se preparaban para darle sanción definitiva a la reforma laboral en el Congreso. En el ínterin Hugo Moyano de Camioneros, Andrés Rodríguez de UPCN y Gerardo Martínez de UOCRA llevaban una bandera con el lema central de la movilización. Cerró “Peluca” Gramajo de la UTEP que pidió “mantener la unidad” y esperanzado dijo: “no todo está perdido tenemos que poner un freno a este gobierno”.
La burocracia que formó el ‘Consejo de Mayo’ para armar la reforma laboral junto a gobernadores y el gobierno liberticida lo observaba desde la primera fila.
