Milei en Llao Llao, la confesión de un impasse económico y político

Escribe Marcelo Ramal

“¿Para qué quieren una devaluación?”

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El grupo de empresarios que acogió a los hermanos Milei en el Hotel Llao Llao se referencia a sí mismo como las “tecnológicas”, las “Fintech”, o -más pretenciosamente, según informó algún diario, el “grupo Musk”-. Menos pretenciosamente, tenemos que decir que, en Bariloche, el presidente fue recibido por una camarilla de aventureros capitalistas de diferente pelaje. Estaban los dueños del negocio del money market -billeteras virtuales- que opera a la sombra del sistema bancario formal y que ha capturado, en medio de la megainflación mileísta, los dineros dispersos de quienes colocan su dinero a cortísimo plazo y tratan de escapar malamente de la pulverización de sus salarios o jubilaciones. Al lado de ellos, estaba el dueño del Banco Pactual de Brasil, quien aclamó a Milei como un “nuevo mesías”, ocultando que hace unos años fueron a parar a la cárcel por los episodios de corrupción imputados al gobierno petista de Dilma Roussef. Ahora, el Pactual milita en la banda libertaria -quiere quedarse con una parte de las acciones del Banco Nación. También estaba presente el empresario sionista Eduardo Elsztain, dueño de vastos negocios inmobiliarios y agrícolas. No faltaba el jubilado Ratazzi, un antiguo enemigo de la clase obrera y de sus conquistas.

Desde la tribuna de Bariloche, Milei les habló a ellos y a quienes no se encontraban allí. Y puso de manifiesto el impasse de su programa económico, algo que en estas horas es advertido por numerosos economistas del establishment. Milei preguntó “para qué quieren una devaluación”, a sabiendas que es un reclamo del capital agrario e industrial, e incluso del propio FMI. En cuatro meses de gobierno, y después de la devaluación de diciembre, Milei ha planchado el tipo de cambio, mientras acumulaba una inflación del 90 %. Esta inflación ha permitido licuar una parte de la deuda del Banco Central con los bancos privados. El quebranto resultante fue absorbido por los ahorristas de esos mismos bancos -en gran medida obligados a mantener sus tenencias en pesos por causa del cepo-. Esta manipulación financiera y monetaria infló los beneficios de las colocaciones financieras en términos de dólares, así como la cotización de los títulos de deuda. La ficción de un superávit del Tesoro -construida sobre la postergación de pagos y la liquidación de las jubilaciones- sirvió de sustento a esa valorización de la deuda pública.

Desequilibrio

Pero el “verano” financiero de Milei-Caputo ha dejado un tendal de desequilibrios. Voceros de la gran patronal advierten sobre una “distorsión de precios relativos”, una forma elegante de señalar que la devaluación y liberación de precios y tarifas ha dejado instalada una organización económica incompatible con el movimiento económico del propio capital. Una poderosa manifestación de este desajuste es el 'incidente' de las prepagas, cuya disparada de aranceles empujó al gobierno a una medida intervencionista y a una crisis interior -entre Caputo, que les retrotrajo los aumentos, y Surzenegger, el autor del DNU desregulador-. El temor de éste último es que el gobierno por decreto termine multiplicando medidas de arbitraje y 'disciplinamiento' en torno de diferentes intereses capitalistas. Por delante, están los aumentos en las tarifas de luz y gas, a los que se condicionan las futuras inversiones petroleras.

Al cabo de estos cuatro meses, la camarilla libertaria tiene poco para ofrecerle al “orden” económico del capital. Los números del fisco -y el dibujado superávit fiscal- serán desafiados por una recesión feroz y un retroceso económico de magnitud. En el primer trimestre, se estima una caída del producto bruto del 5,8 % respecto del año anterior. Todos los indicadores del consumo y la inversión han retrocedido. La patronal industrial, que busca reemplazar este derrumbe con exportaciones, enfrenta el encarecimiento de todos sus costos en dólares -incluso el del salario, el cual ha retrocedido un 20-30 % en su poder de compra pero sin dejar de volverse más “caro” en términos internacionales.

El Banco Central ha reemplazado parte de su deuda en pesos por otra en dólares. La "mejora" de las reservas disponibles, de 11.000 millones a sólo 1.000 en rojo, coincide con los pagos de importaciones que -otra vez- se han pateado hacia adelante. El levantamiento del cepo, en estas condiciones, podría disparar una venta acelerada de títulos de deuda en pesos y una posterior corrida cambiaria. El propio Milei se lo ha sugerido a la barra del Llao Llao, a la que recomendó que “compren dólares”. El gobierno sigue peregrinando por un préstamo internacional, eventualmente del FMI. La semana pasada, en Estados Unidos, Posse y Caputo fueron “magníficamente” recibidos por la CIA y por la Secretaría de Estado. Pero el FMI volvió a ningunearlos con el préstamo -no quiere aportar los recursos de una nueva fuga de capitales-. Esta negativa coloca al tándem libertario a merced del capital agrario, que condiciona la liquidación integral de la cosecha gruesa a una nueva devaluación o una reducción de las retenciones. Pero el ingreso de esos dólares, incluso si se produjera, plantea otras contradicciones. Obligará al gobierno a emitir los pesos para comprarle las divisas a los exportadores, o si el Central se retira, conducirá a una mayor revalorización del peso, y a un agravamiento de la crisis industrial que ya se encuentra en marcha.

Rescate

La inviabilidad del planteo económico de Milei-Caputo sacude a todas los estamentos sociales. Es significativo que el choque social y político más agudo de estos días transcurre en torno de la cuestión universitaria, que involucra a la juventud estudiantil, a las clases medias, a los estamentos científicos e incluso a una fracción de la patronal ligada a tales investigaciones. La crisis universitaria delata un “movimiento sísmico” que cruza a toda la sociedad. La juventud en las calles puede ser el aviso de una reacción de masas, a la cual los aparatos políticos y burocráticos temen más que al propio Milei. Por eso, la burocracia sindical ha cerrado filas con el gobierno en la redacción de una reforma laboral y la clausura -a la baja- de las principales paritarias. Y la oposición intenta rescatar a la ley Bases, un engendro reaccionario que abrirá nuevos choques de todo orden. Los luchadores, que volverán a ganar las calles en los próximos días, deben saber que el “edificio libertario” es un castillo de naipes.

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