Aniversario

El "Villazo" de ayer y la lucha de hoy

Escribe Juan Ferro

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En enero de 1973, la Lista Marrón, dirigida por Alberto Piccinini, conquistó el cuerpo de delegados y la comisión interna de la gran acería de Acindar en Villa Constitución, provincia de Santa Fe. La burocracia de Lorenzo Miguel, sin embargo, continuaba en la dirección de la seccional. La nueva interna, a través de paros y movilizaciones, consiguió conquistas que aún perduran como derechos adquiridos, en relación a los ritmos de producción, las categorías, los accidentes de trabajo, la insalubridad y el servicio médico de planta.

La actitud combativa de esa interna fue creando una situación de enorme tensión con la patronal y la burocracia de la UOM, que veía cómo en las demás fábricas crecía la simpatía hacia los delegados de Acindar. En el contexto de la crisis política desatada por el derrocamiento de Cámpora a manos de la derecha peronista y los grupos de tareas de la burocracia sindical, el avance del clasismo en un centro industrial fundamental desató una reacción política estratégica. A fines de febrero de 1974, la UOM nacional envió como interventores de la seccional a dos provocadores que casi son linchados en una asamblea de la planta. En esa misma fecha, una asonada minoritaria de la policía provincial derribaba al gobierno de la izquierda peronista de Córdoba.

La burocracia expulsó del sindicato a toda la comisión interna de Acindar. En diversas asambleas, a lo largo del día, los trabajadores declararon un paro por tiempo indeterminado y la toma de la planta, con retención de directivos de la empresa. Un día después se sumaron al paro con ocupación de sus plantas los obreros de las metalúrgicas Metcon y Marathon, expulsando a su vez a la burocracia y eligiendo internas combativas en cada una de las fábricas.

Una larga semana de ocupaciones, con asambleas diarias de hasta 7.000 trabajadores, concluyó, finalmente, con un enorme triunfo: la reincorporación de la interna de Acindar a la UOM, el compromiso del llamado a elecciones en la seccional en el término de 120 días, la destitución de los provocadores que habían sido colocados al frente de la Intervención y la constitución de una comisión normalizadora integrada en forma mayoritaria por delegados electos en asamblea. La empresa, el Gobierno, la policía, la Justicia y el sindicato asumieron el compromiso de no tomar ninguna represalia.

Al conocerse el resultado del conflicto, el 16 de marzo de 1974, el pueblo entero de Villa Constitución salió a las calles a celebrar el triunfo de los obreros de Acindar y demás fábricas metalúrgicas de la ciudad, en pleno gobierno de Perón. Esa movilización de 20.000 trabajadores y trabajadoras quedó registrada como “el Villazo”, y fue la mayor expresión de lucha del clasismo después del Cordobazo.

El “Villazo" fue visto por los luchadores y los activistas de todos los sindicatos como una posibilidad de unir todos los procesos antiburocráticos, que se desarrollaban en Córdoba y en centenares de fábricas del Gran Buenos Aires recuperadas de la burocracia sindical.

Bajo la dirección de Piccinini, el 20 de abril de 1974 fue convocado uno de los plenarios antiburocráticos nacionales más importantes de la historia de la clase obrera, que se reunió en el Club Riberas del Paraná. Allí participaron, entre otros, Agustín Tosco de Luz y Fuerza de Córdoba y René Salamanca del Smata, junto a más de un centenar de representantes de comisiones internas de distintos lugares del país.

El histórico plenario, sin embargo, no culminó con un programa ni un plan de acción. La necesidad de una Coordinadora Nacional que emergiera de ese gran plenario fue planteada por Jorge Fischer, miembro de la comisión interna de la fábrica Miluz y militante de Política Obrera.

En noviembre de ese mismo año, la Lista Marrón, encabezada por Piccinini, gana finalmente las elecciones de Comisión Directiva en la UOM de Villa y derrota ampliamente a la lista de las 62 Organizaciones peronistas. Pocos meses después, el gobierno de Isabelita y la gran patronal denuncian "un complot subversivo de todo el cordón del Paraná” -o sea, desde San Nicolás hasta San Lorenzo, Santa Fe-. En la madrugada del 20 de marzo de 1975, se produce una verdadera invasión de Villa Constitución, con cuatro mil agentes policiales de fuerzas conjuntas, que produjeron unas 150 detenciones y 15 asesinatos. Entre los detenidos estaban los activistas de la CGT regional y los integrantes de la comisión directiva de la UOM, excepto Luis Segovia, que logró escapar y fue el dirigente indiscutido de la huelga que se desató en respuesta al criminal ataque político del gobierno peronista.

Esa huelga, el 21 de marzo, constituyó un peldaño superior del Villazo. En reemplazo de los dirigentes detenidos se conformó un Comité de Lucha que mantuvo la huelga durante 61 días, con el apoyo de toda la clase obrera, las familias de Villa y los comités barriales. Día a día los piquetes obreros se enfrentaban con los carneros pagos de otros pueblos y, por sobre todo, con los elementos parapoliciales que ya tenían protagonismo nacional. La huelga mantuvo asambleas diarias y el comité de apoyo se extendió a centenares de fábricas del país. Fueron detenidos durante la huelga y pasados a disposición del Poder Ejecutivo decenas de activistas de distintas organizaciones de izquierda, entre ellos, varios militantes de Política Obrera que se instalaron en Villa para colaborar con la huelga, como Néstor Correa. Los presos de Villa Constitución fueron trasladados a diferentes cárceles del país, torturados y castigados de diferentes formas.

El 17 de mayo de 1975, una asamblea de 2.500 trabajadores aprobó unánimemente el levantamiento de la huelga. La derrota no borró nunca de los obreros de Villa la conciencia de esa lucha extraordinaria: por eso cobra un enorme significado histórico para la clase obrera la experiencia del “Villazo”.

Aniversario

Cincuenta años después los metalúrgicos de Villa Constitución la siguen peleando. Vienen de un paro y un corte de la ruta 9 y posiblemente vayan a un nuevo paro de 48 horas por su paritaria. Enfrentan un lock out patronal que puede derivar en un gran conflicto que afecte a todo el pueblo de Villa.

Las circunstancias ya no son las mismas. Acindar ha sido adquirida por un pulpo internacional del acero. No existen más ni Vilber, ni Metcon, ni Marathon. La fábrica se ha transformado en el centro productivo de la ciudad. Se encuentra rodeada de talleres metalúrgicos, muchos de ellos realizando trabajos de tercerización de la propia planta.

Hoy la directiva de la UOM de Villa no tiene como horizonte el clasismo. Aunque formalmente busca diferenciarse de la dirección de la UOM nacional, apoya la orientación política de Abel Furlan, el actual secretario general de la UOM, un kirchnerista que desplazó a Caló de la directiva nacional. Muchos delegados y una parte de la comisión interna de Acindar, que batalló por la dirección de la seccional en las recientes elecciones del gremio, reivindican la pelea de ayer y la de hoy. Este aniversario los encuentra ante el desafío de defender los intentos de la patronal de imponer su propia “reforma laboral”.

La forma que tomará el aniversario del Villazo será el reclamo de que se profundice el juicio a los genocidas de la Triple A, de las fuerzas represivas y de los directivos de la empresa Acindar que actuaron en la represión del Villazo. Estos serán juzgados en los tribunales de la propia ciudad, un reclamo arrancado por los familiares de las víctimas de la represión. Habrá, además, una tradicional marcha hacia la plaza central de Villa Constitución y un festival, donde participarán algunos viejos compañeros de esa época y la propia directiva de la UOM de Villa que, por un día, se vestirá de combativa.

Es cierto que la memoria es menos poderosa que el olvido, pero el “Villazo” puede volver a estar presente en todo ese pueblo que vive alrededor de la vida de las fábricas metalúrgicas.

Se vienen días de lucha para los obreros de Villa y la clase obrera que, 50 años después, mantiene sus reservas y su memoria de lucha.

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