La amenaza del "gran default" internacional

Escribe El Be

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A mediados del año pasado, diferentes medios económicos internacionales describieron un panorama de 'gran default' a nivel internacional. Un récord de países cayó en cesación de pagos de sus deudas internacionales y una cantidad mayor podría seguir ese camino. Entre todos los países con amenaza de default suman unos 600.000 millones de dólares de deuda de corto plazo, de los cuales el 25% pertenecen a la Argentina (150.000 millones de dólares). Veían señales de “desplome de las divisas, diferenciales de los bonos de 1.000 puntos básicos y reservas de divisas desapareciendo”.

En junio del año pasado algunos diarios titulaban que “Rusia entró en default por primera vez en 100 años”, luego de que cesaran los pagos a los tenedores de eurobonos rusos por cerca de 100 millones de dólares en concepto de intereses de su deuda. La agencia Bloomberg reportó que “se produjo el primer incumplimiento desde 1918”. El gobierno ruso denunció que el incumplimiento obedeció al bloqueo de sus depósitos por la Unión Europea y otras medidas de Estados Unidos.

Del otro lado de la frontera, los analistas colocaron a Bielorrusia y a Ucrania en estado de default. También se encuentran en cesación de pagos el Líbano, Sri Lanka, Surinam, Zambia y otra serie de países africanos. El Líbano entró en default en 2019 y en 2021 experimentó una recesión del 58%. En 2022, según los datos del Banco Mundial, siguió cayendo. El FMI llegó un acuerdo con el gobierno libanés por 3.000 millones de dólares, a pagar durante los próximos 46 meses. A cambio, se exigieron serias medidas de ajuste y un régimen de tipo de cambio flexible.

Los analistas internacionales se preguntan ahora: “¿es Egipto el 'nuevo Líbano'?”. El país cuenta con una deuda externa cercana a los 170.000 millones de dólares. Por otra parte, arrastra una inflación de alimentos del 100%, un derrumbe de los salarios, una fuga de capitales, un déficit crónico de la balanza de pagos y se estableció un límite a la población para el retiro de dinero de los bancos. La libra egipcia se desplomó. La guerra de Ucrania interrumpió el suministro de trigo al país (el mayor importador de trigo del mundo). A principios de enero, el ex economista del Banco Mundial Rabah Arezki, aseguró que Egipto se encuentra “al borde de un abismo financiero y económico”.

A pesar de esto, algunos bancos como el Citibank o el Standard Chartered recomiendan comprar letras del Tesoro egipcio. Entienden, según la doctrina que popularizó el expresidente norteamericano George W. Bush, que el país es “demasiado grande para quebrar” ('too big to fail'), con el fin de evitar un colapso mundial. El FMI llegó a un acuerdo con Egipto similar al que acordó con el Líbano, con el agravante de que exige la privatización de gran parte de las empresas estatales egipcias, en manos de las fuerzas armadas. El acuerdo no ha logrado, sin embargo, espantar el fantasma del default.

Advertidos del fracaso del FMI, el medio internacional Foreign Policy tituló con un artículo que “el FMI tiene demasiados economistas para su propio bien”. El medio afirmó que “a pesar de las afirmaciones (del FMI) sobre el éxito de Egipto, en 2020 el país tuvo que volver al FMI para dos inyecciones de efectivo por casi $8 mil millones en financiamiento adicional. Esto se produjo después de que los inversores preocupados por la deuda egipcia abandonaran el país con alrededor de $ 14 mil millones en solo seis semanas al comienzo de la pandemia de COVID-19. En diciembre pasado, el directorio ejecutivo del FMI aprobó otro programa de préstamos para Egipto, con $3 mil millones del FMI y otros $14 mil millones en financiamiento adicional de los socios internacionales y regionales de Egipto. A principios de año, tras la invasión rusa de Ucrania, los inversores abandonaron repentinamente Egipto con unos 20.000 millones de dólares. El año pasado, Bloomberg y Transforming World Atlas del Bank of America advirtieron que Egipto se encontraba entre los cinco principales países en riesgo de incumplimiento”. The Economist aseguró que “muchos observadores no excluyen una posible reacción social y política si los gastos de subsistencia de la mayoría de los egipcios continúan disparándose”.

La lista de países en riesgo de default sigue con Tunez, Kenia, El Salvador, Pakistán, Zambia, Ecuador, Surinam y Argentina. La crisis pakistaní, el quinto país más poblado del mundo, es catastrófica. Atraviesa la inflación más grande desde 1975 y el desplome completo de la rupia. Según The Economist, cuenta “con las reservas de divisas a poco más de 3.000 millones de dólares a principios de febrero, suficiente para cubrir tres semanas de importaciones(...). Si los negociadores del Fondo, que regresaron a Islamabad el 31 de enero, se marchan esta semana sin llegar a un acuerdo, Pakistán podría dejar de pagar su deuda soberana”.

En El Salvador, la adopción del bitcoin como moneda de curso legal cerró la puerta a la posibilidad de acudir al FMI. Los bonos de 800 millones de dólares con vencimiento en seis meses se negocian con un descuento del 30% y los de más largo plazo con un descuento del 70%. La alta inflación de muchos países es otro indicador que enciende las alarmas de un colapso generalizado. El ranking mundial de 2022 lo encabezaron Venezuela (305%), Zimbabue (244%) y Líbano (142%). Turquía, cerca del ciento por ciento. La situación, indica Reuters, apunta "a un número récord de países en desarrollo que ahora están en problemas y en riesgo".

Para completar el panorama, los medios informaron que “EE.UU. toma 'medidas extraordinarias' para evitar un inminente default”, debido a que el 19 de enero de este año el gobierno norteamericano alcanzó su límite de deuda legal, fijado en 31,4 billones de dólares.

El panorama de defaults internacionales está acicateado por la la fuerte suba de las tasas de interés que llevaron adelante la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos centrales del mundo en 2022. Esto provocó un encarecimiento del costo de financiamiento internacional. Un reciente informe del Banco Mundial advirtió que los países más pobres del mundo dedican más del 10% de sus ingresos por exportaciones al pago de deuda externa, la proporción más alta desde el año 2000.

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