La no homologación de los convenios colectivos y la cola entre las patas para el 1° de mayo

Escribe Marcelo Ramal

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El conflicto que atraviesa a tres sindicatos fundamentales -la UOM, los Camioneros y la UTA- revela el completo impasse de la CGT y de la burocracia sindical, frente a un choque que no ha preparado y una lucha que no está dispuesta a dar.

La UOM acaba de recibir una nueva negativa patronal al aumento que reclama para la rama metalmecánica –un 35% en febrero y una cláusula gatillo de acuerdo a la marcha de la inflación. Según los medios gremiales, la negativa de la patronal se concentra en éste último punto. Los directivos de la UOM han denunciado una activa intervención en el conflicto del grupo Techint, amenazando a las cámaras metalúrgicas de no proveerles chapa a sus talleres si convalidan el aumento. Techint, a su turno, mantiene una dura pulseada en las grandes siderúrgicas, contra el reconocimiento de la inflación de los últimos meses.

En el caso de la UTA, las amenazas de paro de esta semana se han ido postergando, en función de una reunión con las patronales que tendrá lugar este miércoles. Los anteriores encuentros no arrimaron posiciones por la suma de 250.000 pesos que las patronales pagaron en febrero y se niegan a pagar con los salarios de marzo. El presidente de la Cámara de Autotransporte afirmó que “para que los costos den” (incluyendo al reclamo salarial) el boleto mínimo de transporte debería costar $ 1.200. El conflicto de los colectivos pone de manifiesto que los tarifazos recientes están lejos de marchar a una “estabilización”. Como ocurre con el gas y la luz, los aumentos del boleto son una carga explosiva contra los anuncios de una supuesta “inflación en baja”.

En estos conflictos en “sala de espera”, está también el sindicato de Camioneros, que acordó un aumento del 25% para marzo y 20% en abril que la Secretaría de Trabajo no quiere homologar. Moyano ha tratado de sortear esa traba por medio de Kicillof, lo que sólo tiene validez para las empresas de la provincia de Buenos Aires. Pero en el resto del país, el aumento pactado no tiene vigencia. Grandes empresas –como el Correo OCA- anuncian que no pagarán lo que han firmado. Moyano había amenazado con un paro total el lunes, que luego no se concretó. Pero el gobierno le redobló la apuesta: ahora, amenaza con ilegalizar el paro camionero que se menea en estas horas. Pablo Moyano, en el interín, denunció al gobierno por desconocer “la herramienta de la conciliación obligatoria”. Anticipó su temor a que el gobierno haga lo propio con la paritaria. La conducta de la Secretaría de Trabajo es ilegal, porque la única razón que autoriza un rechazo a lo firmado en paritaria es una violación a normas legales, que el gobierno no invoca.

Lucha política

La burocracia ha iniciado estos conflictos siguiendo la rutina de las “viejas” paritarias. Pero Milei- Caputo han dolarizado la totalidad de los ingresos del capital –precios, tarifas, intereses. Naturalmente, ello no ocurrió con los salarios y las jubilaciones. El gobierno se empeña ahora en pisar los salarios. La “deflación” que Milei celebra sólo rige para los ingresos del trabajo –entre otras cosas, los tarifazos continúan a todo vapor. En 1975, ante una situación semejante, una lucha de conjunto hundió al Rodrigazo y validó las paritarias mediante una huelga general iniciada en las grandes fábricas.

La burocracia busca un atajo para salvar los acuerdos paritarios a la espera de un arbitraje que no llega. Mientras protesta por el “planchazo” a los salarios, la CGT discute con la oposición del Congreso la redacción de una reforma laboral, en cuya agenda figura la eliminación de las indemnizaciones, la ampliación del período de prueba y la supresión del régimen de multas a las patronales por abusos laborales. La burocracia no ha renunciado a la variante de cogobernar con Milei; mientras tanto, el gobierno “libertario” explota esas capitulaciones para hacerle morder el polvo en cada conflicto. En medio de este impasse, la CGT anuncia un acto para el Primero de Mayo: a la luz de lo anterior, parece una fuga hacia adelante frente las contradicciones que enfrenta, y no un peldaño hacia una lucha general.

Es muy claro que la actual pulseada por el salario –y en general la lucha por derrotar al gobierno antiobrero- depende de una iniciativa de otro alcance: hagamos de las movilizaciones y los paros parciales el terreno para la unificación de luchas, la formación de coordinadoras y autoconvocatorias, para la preparación de la huelga general.

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