La lucha contra el fascismo, ausente sin aviso

Escribe Marcelo Ramal

El alcance de un ‘olvido’ del Manifiesto el PTS. Séptima Entrega.

Tiempo de lectura: 4 minutos

En anteriores entregas hemos destacado la ausencia, en el Manifiesto electoral del PTS, de cualquier mención a la lucha por el socialismo. El ‘olvido’ es estructural al planteo identitario acerca de una “nueva clase trabajadora”, que agruparía al feminismo, al indigenismo, al ambientalismo, a la disidencia de género, entre tantos otros pluralismos y movimientismos sociales, que cruzan intereses de clase diversos y contradictorios entre sí, en oposición a la lucha de clase, irreconciliable e irreductible, de la fuerza de trabajo con el capital. El texto presenta una versión redistribucionista del ingreso mundial, que tendría lugar por medio de la intervención estatal. El redistribucionismo es una operación de corto plazo entre los ingresos de “ricos’ y “pobres”, que no cuestiona la dominación del capital ni su tendencia al empobrecimiento relativo (y, por momentos, absoluto) de la clase obrera. Un gobierno de izquierda redistribucionista no podría frenar ni cancelar la tendencia a la pauperización, ni podría ser un gobierno obrero o de los trabajadores (sin adjetivos). En declaraciones efectuadas por los candidatos del PTS referidas a la elección del 2027, las medidas redistribucionistas estarían condicionadas a las decisiones de una Asamblea Constituyente.

El Manifiesto tampoco hace referencia al fascismo y a la lucha contra el fascismo. El gran capital agita la bandera de los regímenes de excepción; ha convertido e intenta convertir en protectorados a una mayoría de Estados que denomina “fallidos”. La oligarquía capitalista ‘digital’ de Sillicon Valley, asociada a Trump y a la guerra mundial, es incompatible con el régimen democrático. Elon Musk acaba de encabezar, por redes, la primera instigación digital a un pogrom contra migrantes en Irlanda del Norte; Palantir organiza el espionaje digital de los Estados gobernados por la ultraderecha. En América Latina, dieciséis países, incluida Argentina, se han asociado al “Escudo de las Américas” de Trump, el Plan Cóndor de gobiernos civiles a escala de todo el continente. El bolsonarismo ha reclutado milicias fascistas y el colombiano De la Espriella a los grupos paramilitares uribistas. El primero ha protagonizado un intento de golpe de Estado mediante la movilización en masa de elementos desclasados; el segundo es una respuesta fascista al enorme levantamiento popular de 2020 en Colombia. En Bolivia han vuelto a aparecer las bandas civiles cruceñas (Santa Cruz de la Sierra). La “ola rosa” de los Kirchner, Correa, Chávez, Evo Morales y Lula ha sido fagocitada por una contraola fascista de diferentes alcances. El Manifiesto embolsa al chavismo, a la experiencia chilena o al MAS de Bolivia dentro de los intentos “fracasados” por “regular” o “gestionar mejor el capitalismo”, todo lo cual “preparó las condiciones para la vuelta de la derecha, aún más radicalizada”. Es la tesis de la alternancia electoral -“la izquierda sucede a la derecha”, y viceversa-, que es como abordan los politólogos o la sociología académica la crisis continental. El Manifiesto hace un visible esfuerzo por ignorar las tendencias fascistas y, lo que es aún peor, que las llamadas alternancias preparan una agudización de esas tendencias, por un lado, y rebeliones y revoluciones, por el otro. En este marco conceptual, un gobierno de izquierda (del PTS) sería una forma de ‘alternancia’ no necesariamente “más radicalizada”. En el nuevo contexto histórico, las ‘alternancias’ serían un recurso último ante un ascenso revolucionario de masas, como ha ocurrido efectivamente con los gobiernos de izquierda que han usurpado monumentales rebeliones y revoluciones continentales, como la de octubre de 2019 en Chile o la huelga general que cruzó a Colombia en 2019-2020.

El texto hace una presentación puramente electoral de las luchas políticas en el continente. Pero incluso en ese plano son los fraudes y manipulaciones electorales los que cruzan a esos comicios, tal como ocurre en Colombia o Perú, con la activa participación del imperialismo. El candidato derechista de Colombia ha amenazado con hacer respetar resultados a su favor “por la fuerza”; Trump y Bolsonaro ya lo hicieron, en el pasado reciente, a través de golpes paraestatales. La ultraderecha fogoneada desde Washington quiere terminar con la “alternancia” por la vía de los regímenes de excepción (o, en el caso de Cuba, por medio de un protectorado). A pocos meses de las elecciones presidenciales en Brasil, Trump ha restablecido aranceles unilaterales para intervenir en sus resultados. Fue lo que hizo Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Trump, en las elecciones de octubre último en Argentina, para revertir la derrota de Milei en la provincia de Buenos Aires. El Manifiesto evita, con toda intención, colocar los sondeos favorables de la imagen de Myriam Bregman en este contexto de agudización agresiva de la crisis de dominación política internacional del imperialismo. Un error descomunal de caracterización que apunta a ‘naturalizar’ un ascenso electoral de la llamada izquierda.

El Manifiesto no denuncia la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela, para secuestrar a su presidente e instaurar un protectorado yanqui subrogado al chavismo residual; no hay una mención sobre el bloqueo redoblado sobre Cuba, ni plantea una campaña internacional en su defensa, seguramente para no convertir ‘el fracaso del socialismo’ en un tema electoral (como le aconsejan en los ‘focus groups'). En la misma línea, no denuncia las negociaciones secretas de la burocracia de la Isla con Trump, el Pentágono y la CIA. Estrictamente, la palabra “Cuba” no existe en el Manifiesto, incluso cuando el asedio imperialista obligaba a sus autores a reconocer el carácter mundial de la guerra y las amenazas de guerra del imperialismo norteamericano.

El PTS sustituye la crisis de dominación mundial del imperialismo por eufemismos como “caos” o “desorden”. Pero es evidente que todas las relaciones internacionales del imperialismo se encuentran en crisis (Canadá, Alemania, la misma OTAN), no solamente con China y Rusia. No estamos solamente ante un error de caracterización que condiciona la política dentro de cada país, sino a una ‘construcción’ arbitraria para justificar el electoralismo. Pero un gobierno de izquierda, que es lo que el Manifiesto ha puesto en debate, chocará rápidamente no con el ‘caos’ y el ‘desorden’, sino con una guerra mundial de largo alcance, dirigida a potenciar la dominación mundial indisputable del imperialismo norteamericano. De lo contrario, la revolución dará su presente en la misma metrópoli.

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